Estamos en una
época donde se emplea frecuentemente la expresión “Regeneración” democrática, (según el Diccionario RAE “(Del lat.
regeneratĭo, -ōnis).1. f. Acción y
efecto de regenerar.”), lo cual, conforme
entiendo, es volver
a los principios de la Democracia, iniciada en la Grecia antigua, es decir, a que se imponga la voluntad mayoritaria
del Pueblo.
También se habla de
que es necesario un cambio en la Constitución, especialmente por algunos
políticos que desean realizar unos propósitos que, en muchos casos, bordean
peligrosamente, o sobrepasan, a la legalidad vigente establecida por la misma.
Por otro lado están
saliendo a la luz, tanto por los medios de comunicación como por la Justicia, la investigación de hechos
irregulares realizados por algunas personas que detentan, o han ocupado, altos
cargos tanto en la política como en el comercio y la industria, al ser cosa
frecuente su implicación, durante el ejercicio de su actividad, en casos poco
claros, pues más bien son turbios y opacos cuando no delictivos, que, cuando
comparecen ante la Justicia, se acogen a su derecho para no declarar (Art. 24.2
) cuando éste debe referirse solo y limitadamente a los actos de su vida
privada, no a los ocurridos durante el ejercicio de una función pública
olvidando que, como su nombre indica, al ser personas públicas, deben mantener una conducta ejemplar y
totalmente transparente durante el tiempo que desempeñen un cargo, elegido o
designado, ante el Pueblo y también ante
la Justicia, respondiendo ante ambos de todos los hechos acaecidos durante su
actuación sin que, además pueda prescribir nunca nada de todo lo sucedido durante la misma.
-.-
En primer lugar
creo que si la Constitución consolida un Estado de Derecho que asegura el
imperio de la ley como expresión de la voluntad popular, es decir, del PUEBLO
ESPAÑOL en este caso (donde no se excluye a nadie) conforme figura en el
Preámbulo de la misma, que debe ser bien
leída desde el Título I hasta el II, es decir, desde los Artículos 10 al 55,
donde figuran los derechos y deberes fundamentales de las personas, para enterarse de su
contenido, cumplir, y hacer se cumpla,
con arreglo a la letra y su espíritu, simplificando su empleo para el
Pueblo, siendo por ello
que considere que
ambas regeneraciones, la democrática
y la personal, se podrían conseguir
simultáneamente al recuperar la Democracia su verdadero espíritu, practicando
la acción de la voluntad mayoritaria del Pueblo, ya que ambas deben ir unidas y
complementarse, de muchos de quienes nos gobiernan, desde distintos sitios y
posiciones, obligándoles a que den cuenta de sus actuaciones en el desempeño de
su cargo ante Por otro lado, la
Administración de la Nación debe simplificarse al máximo, eliminado trámites
innecesarios o que se duplican, llevando las Cuentas y asuntos AL DÍA -como los
Bancos- toda vez que la Informática es una ayuda fundamental, agilizando las
más complejas labores con programas que excluyan retrasos para resolver
problemas, suprimiendo organismos innecesarios, al realizar agrupaciones, para
dar una mayor rapidez y eficacia a todas sus actividades.
Al realizarse la regeneración personal y la regeneración democrática, conforme se
expone estimo que habría un verdadero
cambio, muy cualquier Juzgado, aboliendo de una vez por siempre, y para
TODOS LOS QUE TIENEN EL PRIVILEGIO DE SER AFORADOS, esa desigualdad que está en
total contradicción con la igualdad
que establece el Artículo 14 donde, para comenzar la citada reforma, debe
añadirse la palabra TODOS al inicio
del mismo, omisión que favoreció la sibilina introducción del Artículo 71.
La “regeneración personal” personal es,
por otro lado, algo complicada ya que obliga al cumplimiento de valores humanos
tales como la integridad personal, la decencia, la honradez, la incorruptibilidad,
la transparencia y la
verdad en todo
tiempo y momento, en el más estricto cumplimiento de su obligación en todas sus
actuaciones, no aceptando sobornos, dádivas o regalos con que algún desaprensivo, en su deseo de obtener
determinados favores muy alejados de lo que debe de ser, intente “premiar” a
quien ocupa un cargo, virtudes que, supongo, muchos ni han oído existan.
Esa es una cosa bastante difícil de conseguir, pues el
deseo de posesión o disfrute de determinadas cosas o riquezas puede, en muchos
casos, hacer que se tuerza la voluntad personal de quienes no saben o no
quieren y que,
olvidando los
deberes, tanto del cargo que desempeñan como para el Pueblo que le apoyó hasta
llegar al mismo, atiendan a unos seductores cantos de sirena, sucumban a la
tentación y caigan por una cuesta donde, al final, debe estar la Justicia, como
representante del Pueblo soberano, para
esclarecer todo hecho cometido, que no tiene ninguna razón para que prescriba en el tiempo ya que, mientras
no se enjuicia una infracción, ésta sigue vigente hasta que no se juzga al culpable y se dicta
sentencias por un Tribunal para que cumpla una condena, tendente a la regeneración de quien ha delinquido,
obteniendo unas veces resultados positivos, es decir, un cambio de actitud
hacia otra mejor y alejada de hechos anteriores o, por el contrario, sale
ilustrado con más conocimientos de granujerías para seguir cometiendo delitos
de toda clase sin solución de continuidad.
Después de lo
anterior me pregunto a mí mismo: ¿Tan difícil sería hallar en España unos miles
de personas en las que se conciten todos los valores humanos antes reseñados
que, además, estén dispuestas a servir a su País,
totalmente
apolíticos (aunque en su derecho a la libertad de pensamiento, si tienen alguna
ideología excluyan utilizarla durante el desempeño de un cargo oficial, en
beneficio de España), sin pérdida de sus derechos pasivos, por una percepción
mediana y con todos los gastos pagados, para ejercer un cargo designado, durante un
solo mandato? Y que nadie piense deseo
ser uno de ellos, pues me EXCLUYO, pese a que pienso que para generar ideas no existe limitación de edad, ya que, a que a
mis 87 años, considero no debo meterme en esos trotes.
La regeneración personal se iniciaría al
presentarse los aspirantes ante la Junta electoral de su municipio para que
ésta comprobasen reunían los requisitos antes citados y expidieran unas
credenciales para viajar gratis por toda su
provincia para conversar con todos sus habitantes y atendidos por los pueblos
que visitasen. Las papeletas electorales serían de listas abiertas, figurando
en ellas los Ayuntamientos por orden alfabético con los nombres
de los aspirantes
de cada municipio. El Pueblo marcaría en una casilla, con una C, a los que designase como
representantes al Congreso, siendo elegidos los tres que obtuviesen mayoría de votos, marcando otra casilla,
con una X, -facilitando el
escrutinio electrónico- a los que estimaran mejores para el Gobierno de la
Nación, todos los cuales se reunirían en Madrid durante una semana como máximo
para elegir, por votación secreta, a los miembros del Ejecutivo, realizándose
una más pura regeneración democrática al
volver el Poder al Pueblo soberano, por voluntad mayoritaria y sin ingerencias
de políticos, los cuales podrían hacer proposiciones desde los medios de
comunicación.
Los así elegidos
serían los futuros ocupantes del Gobierno y del Congreso de Diputados para, con
sus conocimientos, intentar llevar a España a una situación mejor que la
actual, teniendo como base unos simples postulados en lo que respecta a la Economía, que es lo
que marca el bienestar de un Pueblo, con unos principios fundamentales para que
una Nación vaya adelante, tales como:
NO GASTAR MAS DE LO
QUE SE INGRESE Y NO ENDEUDARSE.
NINGÚN PARTIDO
POLÍTICO, SINDICATO, O.N.G. O CUALQUIER OTRA ORGANIZACIÓN AJENA AL GOBIERNO DE
LA NACIÓN,
PODRÁ PERCIBIR CANTIDAD ALGUNA PROVENIENTE DE LOS FONDOS
PÚBLICOS POR NINGÚN CONCEPTO, excepto las
ayudas de auxilio por catástrofes, nacionales o
internacionales.
distintos de los
que hasta ahora nos han dicho se habían producido, que solo han servido para el
enriquecimiento de algunos y, en lo que concierne a la Nación y al Pueblo, ha
ido cada vez peor conforme atestiguan el gran número de parados y la deuda que
arrasa a España.
Por eso creo que la
Constitución debe ser reformada, destacando las obligaciones y derechos del
Pueblo, reducida en Artículos y suprimiendo
privilegios o
disposiciones que benefician a una clase bastante alejada de la igualdad que debe de imperar para
todos, según su texto.
Es más. Al ser la
Democracia una idea universal estimo que esta propuesta de regeneración personal y regeneración
democrática, conforme se expresa, puede ser no solo de aplicación en
España, si no en cualquier país del Mundo, empezando por Europa donde, al
parecer, falta democracia y sobra política y extremismo.
-.-
Comparativamente,
la situación de Alemania el 8 de Mayo de 1945 era muchísimo peor que la nuestra
el 29 de Marzo de 1939. Efectuando un programa de austeridad llegó hasta ser
hoy la “locomotora de Europa”.
Confío en que
España saldrá de esta situación como hemos superado otras peores, por ejemplo
la Guerra Civil, donde el País quedó destrozado, con un millón de muertos, con
personas que partieron al exilio, pasando hambre y racionados durante más de
diez años, sin industria, con mucho retraso en relación con otras naciones,
arruinados, aislados internacionalmente, bajo una dictadura y sin libertad,
catástrofe que originó empezase a trabajar a los once años, impidiendo que
cursara estudios superiores.
-.-
Y ahora, después de
este largo preámbulo, al suponer continúa vigente lo establecido en el Artículo
20.1 a )
sobre la libertad de expresión, manifiesto
mi propósito de
comentar determinados Artículos de nuestra Carta Magna, para intentar
simplificarla, así como el de compararla con las de otros Países que tienen más
antigüedad que la nuestra –para lo cual he solicitado a unas Embajadas en
Madrid me remitan un ejemplar de la suya- con el fin de adaptar a la española,
desde ellas, lo que mejor salvaguarde los derechos del Pueblo, que al fin y al
cabo es la Nación, estimando por ello que debe de ser DEL PUEBLO, POR EL PUEBLO
Y PARA EL PUEBLO, como dice la los Estados Unidos de América desde 1779, y como
continuación de la Democracia iniciada en .la Grecia antigua.
Murcia, 17 de
Septiembre de 2014 José María Vela
Urrea
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