lunes, 29 de septiembre de 2014

C E H E G I N


Caos de tejados, con viejas, lomudas y curvadas piezas árabes en mil dispares planos, coronando casas en que las ventanas y balcones están ornados con retorcidos y            forjados hierros de antigua artesanía.

         Calles pinas, estrechas, recoletas, quebradas y     tortuosas en las que el rayo de sol tiene que hacer    múltiples quiebros y extrañas filigranas para poder entrar     en ellas y mostrar una nueva sorpresa a la vuelta de cada esquina, junto al sabor y la gracia de unos cautivadores      rincones, plenos del ambiente moruno heredado de sus    antiguos pobladores, que hoy todavía prevalece en la parte   vieja de la población, de puro trazado árabe.

         Si no fuera por las nobles y viejas piedras de sus muchos escudos, que cuentan historias de lejanas batallas en cada uno de sus cuarteles, todavía podría pensar el   visitante en que puede tropezarse, en cualquier momento y     en cualquier lugar, con blancos y flotantes albornoces,   lujosos jaiques y amplias chilabas, o con mujeres veladas
     que miran con ojos negros, rasgados y de fuego, acompañado
todo del roce de babuchas sobre un suelo antiguo y montuoso.

                                      José María Vela Urrea
    


Dedicado a Damián Martínez, como homenaje a su bonito pueblo.


Murcia, Septiembre de 2014

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