Nací a las 10 de la
mañana del Domingo 12 de Junio de 1927 en el nº 26 de la calle de Victorio, hoy
desaparecido, siendo bautizado en la
Iglesia de Santa Eulalia por D. Balbino Espinosa Paredes, tio
de mi Padre, el cual era jefe de oficina y traductor de idiomas en una firma
exportadora de frutas a toda Europa (sabia, aparte del español, francés, inglés, italiano y alemán).
En su momento fui a la escuela; decían que valía para estudiar, vivíamos
relativamente bien y se pensaba fuese al Instituto al iniciar curso en
Septiembre de 1936.
Veraneábamos en Lo
Pagan cundo se produjo la sublevación militar del 18 de julio y se truncaron
esos planes con el inicio de la guerra civil. Volvimos a Murcia, nos mudamos a
casa de mis abuelos maternos, donde en Enero de 1937 cayó enfermo en cama mi
Padre, que falleció en Noviembre de 1939.
El 29 de Marzo de
ese año, amaneció con un Sol espléndido y nos despertó un repique de campanas
anunciando había terminado la guerra, aunque seguimos con las mismas
privaciones, agravadas con que la moneda que teníamos no valía nada. Tuve que
dejar la escuela, sin terminar la primaria y empecé, a mis 12 años, a buscar trabajo en lo que salía –talleres de
automóviles o de bicicletas- como aprendiz, donde unas veces pagaban y otras
nó, por lo cual al lunes siguiente buscaba trabajo para alternar con la búsqueda
de algo comestible
en bancales y vertederos. Ayudé a un pescatero en su venta; no pagaba pero me
daba algún pescado; fui a la
Lonja con un carretón prestado a comprar verduras y frutas
para revender, pero como nadie tenía dinero no pagaban y el negocio se fue al
traste. Al final me coloqué como aprendiz en una tienda de maletas de la Platería.
Nos trasladamos a
Cartagena, colocándome en una tienda de tejidos de la calle del Duque y,
después en el arsenal civil, al tiempo que estudiaba geometría y dibujo lineal
pues quería ser
Delineante, con los útiles del oficio que me envió un tío que tenía en Madrid .
Volvimos a Murcia y
cuando no había trabajo extra fui a hacerlo gratis en un taller donde montaban
aparatos de radio para aprender este oficio; también acudí a un cine hasta
aprender el manejo de la cabina desde la que proyectaban las películas.
Me coloqué como
Ayudante Montador eventual en el Depósito de Máquinas de la RENFE donde, desde el primer día trabajé en el
tablero de dibujo del Subjefe, que era Perito Industrial, también en labores de
Oficina y, cuando venían los Ingenieros de visita, les redactaba el informe que
precisaban. También me ayudaba cobrando recibos de una zapatería que vendía a
plazos a los ferroviarios y como representante de diversos productos. También,
por las tardes, trabajaba en estudios particulares de Arquitectos.
Hasta que vino una
orden para enviar al taller a los que, con ese cargo trabajábamos en la Oficina. Esperé a que viniesen
los Ingenieros a los que pedí su ayuda y me dijeron que no podían hacer nada;
el Jefe de la 4ª Zona ofreció llevarme a su Oficina de Valencia y a mi pregunta de qué podía hacer allí, casado y
con 12,50 ptas. de jornal, me respondió que podría trabajar con Arquitectos,
cosa que ya hacía aquí, pues más de una vez trabajé toda la noche, bien en
Estudio o en mi casa dibujando planos a los que urgía su terminación, sobre la
mesa del comedor.
Gracias a mis
conocimientos del automóvil pude colocarme para instalar y abrir el primer
servicio SEAT que atendió aquí además a las provincias de Alicante, Almería y
Albacete donde estuve 13 años, aunque por el pluriempleo de la época también lo
hacía
con un Arquitecto,
que me llevaba a casa con su coche a las 2 de la madrugada. Trabajé con
Topógrafos midiendo terrenos y leía cuanto podía -del tema que fuese- para
ilustrarme algo; pasé por diversos empleos hasta hacerlo en una Empresa
constructora que trabajaba en Madrid, Alicante, Badajoz y Murcia en la que
estuve 23 años como Secretario de Dirección y realizando todos los trámites
necesarios con diversas personas y en Centros Oficiales.
Al fallecer mi
querida esposa, Isabel Gómez Aroca (q.e.p.d.), instituí una Fundación con su nombre para
premiar la investigación médica sobre el cáncer, ignorando que el Fisco se iba
a llevar una parte en impuestos. Eso y el ningún avance contra esa enfermedad,
hizo que traspasara su capital a CRUZ ROJA ESPAÑOLA.
En fin que, como no
pude efectuar estudios superiores, quise ampliar mis conocimientos todo lo
posible adquiriendo buenos libros, muchos de los cuales no he tenido tiempo de
abrir, llegando hasta trabajar como periodista emérito, a página entera, en dos diarios locales, e investigar sobre el panocho o habla murciana,
publicando durante 25 años un periódico en las Fiestas de Primavera, colaboré
en el Bando de la Huerta
y publiqué 7 libros sobre temas
murcianos, incluido los dos tomos de un diccionario con 10.900 palabras de
dicha habla titulado ASI SE HABLÓ EN MURCIA.
En resumen que con
mi ignorancia de muchas cosas, las cuales he procurado conocer todo lo posible
y procurando avanzar en mi trabajo, con el imperativa de no gastar más de lo
que ganaba, conseguí construir, con muchos sacrificios, una modesta vivienda.
Ahora, jubilado,
viudo, a mis 87 años, sigo escribiendo artículos de actualidad como el
presente, teniendo cursada mi petición de la Medalla al Mérito en el Trabajo.
Y Vdes, se
preguntarán ¿A que viene todo esto?
Es muy sencillo:
según han dicho por la radio -aunque he realizado una búsqueda en la
Bilbia sin
encontrarlo- en el Libro de los Proverbios figura lo siguiente: El que de joven no trabaja, de mayor
duerme en la paja, por lo cual he escrito lo anterior por si le sirve de
algo a alguno de los “jóvenes” que habiendo llegado a los 35 años (por decir
una edad), ni estudian ni trabajan; viven de lo que les sacan a sus
mayores -sin pensar que el día que
falten éstos se van a encontrar con una mano atrás y otra delante- aunque hoy
no se pierdan festival donde escuchar
ruidos acompañados de berridos y maullidos en ingles, fiestas de botellón y
otras peores.
Murcia, 3 de Agosto de 2014 José
María Vela Urrea
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