domingo, 3 de agosto de 2014

EVOLUCIÓN Y DESAPARICIONES


Hace unos días me han informado de la desaparición de las fábricas de tejidos que había en Tarrasa y Sabadell y, hace tiempo, de que en Crevillente ya no fabrican alfombras. Ambas cosa han traído a mi pensamientos los recuerdos de otras que pasaron a la historia, siendo una de ellas el que hace muchos años en los estancos se vendieran paquetes de diversos tamaños con varias clases de picadura de tabaco y papel de fumar para hacer los cigarrillos y, actualmente, estos se venden en paquetes de 20 unidades  además con filtro, cosa que antes había de hacerse a mano  con ayuda de una maquinilla que introducía la picadura dentro de una funda rematada con el filtro, siendo bastante difícil encontrar hoy quien sepa liarlos bien; esto, además, ha propiciado que las mujeres fumen, cosa que, en otros tiempos, solo hacían las “cabareteras”.

Aquí, en Murcia, en la Plateria o “calle de las tiendas” había varios establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de  tejidos: los de los hermanos Palazón, la tienda del “judío” o de Ramón Giribert , la de Medina, la “Alegría de la Huerta”, de Joaquín Cerdá, que después vendió desde perfumería a artículos de deporte, siendo el primer establecimiento que instaló una escalera automática en la Ciudad y que su bajada de cierres metálicos era el aviso de que había llegado la hora de cerrar para todos los comercios de esta zona, gran tienda que amplió superficie hasta la vecina calle de la Trapería, antigua del Príncipe Alfonso y, después de la guerra,
rotulada de José Antonio Primo de Rivera, en la cual se encontraba el establecimiento de tejidos “La saldadora” cerrado hasta hoy.

La desaparición de venta de tejidos lo hizo también de muchas sastrerías.

Desaparecieron los comercios de barrio donde despachaban en los pesos diversos productos, poniendo en el otro platillo pesas de distinto valor habiendo también recipientes de diversas medidas para los productos líquidos. También había un molinillo grande para moler café y se cortaba el bacalao con una gran cuchilla, habiendo momentos en que, al estar parados, los dependientes, liaban azafrán, pimienta o piñones en papel de estraza. Los pesos se sustituyeron con balanzas de un plato y aguja sobre una escala, desapareciendo éstas con las balanzas electrónicas.

Hoy muy diversos productos se venden empaquetados o envasados en los supermercados, tanto congelados como  frescos que solo hay que coger y pagar al salir en Caja.

En las farmacias se hacían fórmulas magistrales en el mortero y se llenaban papeletas o sellos con mezclas de productos según la prescripción  médica; hoy todo viene envasado y los recipientes de porcelana decorados con las
materias utilizadas antaño solo  adornan las boticas donde los conservan.

La informática hizo desaparecer los gruesos de libros de cuentas donde se sumaban cantidades ingentes a mano, sin pasar por las calculadoras suecas Odner, alemanas Trink Brunsbriga, ambas a manivela para hacer las cuatro operaciones básicas, o las Hispano Olivetti donde, al pulsar botones, se imprimían en una cinta de papel los resultados de las operaciones. También las impresoras unidas a un ordenador dieron al traste con las máquinas de escribir.

Y así, con el paso del tiempo, han cambiado muchas cosas. Antes, si se “gripaba” algún pistón o alguna biela se le cambiaban los segmentos al primero y se fundía el material antifricción para la biela que después se ajustaba a mano con la rasqueta para eliminar lo marcado con minio de hierro; posteriormente se rectificaba el bloque motor en el caso de pistones o el del cigüeñal al cambiar las “tejas” para acoplar las bielas al nuevo tamaño del primero. Hoy, al haber desaparecido muchos mecánicos de la vieja escuela, el “cambiapiezas” de turno sustituye todo el motor.

Al mismo tiempo que productos han desaparecido diversos oficios, desde el
alañador-paragüero  que recorría las calles lanzando su pregón al aire hasta el humilde colillero (cuyo Título poseo) que buscaba en los suelos callejeros alguna colilla abandonada, siendo un día grande para él cuando hallaba la de algún habano....         




Murcia, 16 de Julio de 2014                         José María Vela Urrea

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