Hace unos días me han
informado de la desaparición de las fábricas de tejidos que había en Tarrasa y
Sabadell y, hace tiempo, de que en Crevillente ya no fabrican alfombras. Ambas
cosa han traído a mi pensamientos los recuerdos de otras que pasaron a la
historia, siendo una de ellas el que hace muchos años en los estancos se
vendieran paquetes de diversos tamaños con varias clases de picadura de tabaco
y papel de fumar para hacer los cigarrillos y, actualmente, estos se venden en
paquetes de 20 unidades además con
filtro, cosa que antes había de hacerse a mano
con ayuda de una maquinilla que introducía la picadura dentro de una
funda rematada con el filtro, siendo bastante difícil encontrar hoy quien sepa
liarlos bien; esto, además, ha propiciado que las mujeres fumen, cosa que, en
otros tiempos, solo hacían las “cabareteras”.
Aquí, en Murcia, en la Plateria o “calle de las
tiendas” había varios establecimientos dedicados exclusivamente a la venta de tejidos: los de los hermanos Palazón, la
tienda del “judío” o de Ramón Giribert , la de Medina, la “Alegría de la Huerta ”, de Joaquín Cerdá,
que después vendió desde perfumería a artículos de deporte, siendo el primer
establecimiento que instaló una escalera automática en la Ciudad y que su bajada de
cierres metálicos era el aviso de que había llegado la hora de cerrar para
todos los comercios de esta zona, gran tienda que amplió superficie hasta la
vecina calle de la Trapería ,
antigua del Príncipe Alfonso y, después de la guerra,
rotulada de José
Antonio Primo de Rivera, en la cual se encontraba el establecimiento de tejidos
“La saldadora” cerrado hasta hoy.
La desaparición de
venta de tejidos lo hizo también de muchas sastrerías.
Desaparecieron los
comercios de barrio donde despachaban en los pesos diversos productos, poniendo
en el otro platillo pesas de distinto valor habiendo también recipientes de
diversas medidas para los productos líquidos. También había un molinillo grande
para moler café y se cortaba el bacalao con una gran cuchilla, habiendo
momentos en que, al estar parados, los dependientes, liaban azafrán, pimienta o
piñones en papel de estraza. Los pesos se sustituyeron con balanzas de un plato
y aguja sobre una escala, desapareciendo éstas con las balanzas electrónicas.
Hoy muy diversos productos
se venden empaquetados o envasados en los supermercados, tanto congelados
como frescos que solo hay que coger y
pagar al salir en Caja.
En las farmacias se
hacían fórmulas magistrales en el mortero y se llenaban papeletas o sellos con
mezclas de productos según la prescripción
médica; hoy todo viene envasado y los recipientes de porcelana decorados
con las
materias utilizadas
antaño solo adornan las boticas donde
los conservan.
La informática hizo
desaparecer los gruesos de libros de cuentas donde se sumaban cantidades
ingentes a mano, sin pasar por las calculadoras suecas Odner, alemanas Trink
Brunsbriga, ambas a manivela para hacer las cuatro operaciones básicas, o las
Hispano Olivetti donde, al pulsar botones, se imprimían en una cinta de papel los
resultados de las operaciones. También las impresoras unidas a un ordenador dieron
al traste con las máquinas de escribir.
Y así, con el paso
del tiempo, han cambiado muchas cosas. Antes, si se “gripaba” algún pistón o alguna
biela se le cambiaban los segmentos al primero y se fundía el material
antifricción para la biela que después se ajustaba a mano con la rasqueta para
eliminar lo marcado con minio de hierro; posteriormente se rectificaba el
bloque motor en el caso de pistones o el del cigüeñal al cambiar las “tejas” para
acoplar las bielas al nuevo tamaño del primero. Hoy, al haber desaparecido
muchos mecánicos de la vieja escuela, el “cambiapiezas” de turno sustituye todo
el motor.
Al mismo tiempo que
productos han desaparecido diversos oficios, desde el
alañador-paragüero que recorría las calles lanzando su pregón al
aire hasta el humilde colillero (cuyo Título poseo) que buscaba en los suelos
callejeros alguna colilla abandonada, siendo un día grande para él cuando hallaba
la de algún habano....
Murcia, 16 de Julio
de 2014 José María
Vela Urrea
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