jueves, 8 de mayo de 2014

MONEDAS, REFRANES... Y LA VIDA


Comienzo, como base a lo que diré después, que en mi casa siempre hubo una gran afición a la lectura; en 1932 mis libros de lectura en la escuela fueron CORAZÓN, de Edmundo de Amicis y el “Quijote” de Cervantes. Aparte de eso entraban las siguientes revistas: para mi Madre (q.e.p.d.) “El hogar y la moda”, “Moda práctica” y “Films Selectos” , revista del cine de entonces; para mi Padre (q.e.pd.) “Blanco y Negro” (que además llevaba el suplemento infantil “Gente Menuda”), y “Algo” revista que informaba de los últimos adelantos entre artículos de humor y de otras clases; para mi hermana y yo, semanalmente, el TBO, Pocholo, Jeromín, Mickey, Aventurero, Tim Tyler y algún otro más ocasionalmente, por lo cual teníamos bastante que leer. Al fallecer mi Padre en Noviembre 1939, dejé la escuela y a los 12 años empecé a trabajar; por eso carezco de estudios superiores y lo poco que sé lo debo a lo mucho que he leído.

Un recuerdo de antaño es que en aquella época circularon monedas de plata de 0,50, 1, 2 y 5 pesetas, esta última el famoso “duro”,  que hacia volver la cabeza cuando alguien tiraba uno de ellos sobre un mostrador de mármol. Yo me encontré una vez una peseta y cuando compré algo y fui a pagar me dijeron era de plomo.

Recuerdo que  Blanco y Negro publicó un artículo titulado “La semana del duro” donde relataba las andanzas de un personaje que invitaba a sus amigos en el bar y luego hacía lo antes dicho, llevándose la sorpresa de que el camarero le dijera que el duro era falso (los había de dos clases, los llamados “sevillanos”, que llevaban más plata que los legales, pero que sonaban en el mostrador, y los de plomo, que se quedaban quietos donde caían.) Ignoro de que clase era el citado, pues lo que ocurría entonces es que alguno de los invitados pagase la cuenta. Así estuvo sucediendo durante varios días, en diversos bares y con distintas amistades, hasta que un día alguien no se dio cuenta de que no era legal y se quedó con el duro, perdiendo su dueño esta mina que le había permitido convidar durante una semana.

Esas monedas de plata circularon aquí al terminar la guerra, pues los billetes anteriores no valían nada. La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre imprimió, entre otros, los de una y dos pesetas , éstos últimos falsificados con diferencia de color. Los de 25, 50 y 100 pesetas fueron impresos en Alemania, que hizo todos los que quiso sin que aquí dijera nadie ni pío (ignoro si los de otros valores los hicieron también allí).

Después de la guerra conseguí reunir las primeras ediciones de la colección “Hombres Audaces” de Editorial Molino, calle Urgel 245, en Barcelona, así como los que siguió publicando en otro formato más pequeño de Doc Savage, Pete Rice, La Sombra y Bill Barnes y sus homónimos españoles Duke Strasley, Tres hombres buenos y otro como la Sombra, así como la del Coyote que, debido a distintas mudanzas, regalé a un amigo.

Y después de este largo inicio, hablaré de actualidad. El refranero español tiene un gran surtido de ellos como, por ejemplo, “Antes se coge a un embustero que a un cojo”  “Las mentiras tienen las patas muy cortas”, “Para mentir es necesario tener buena memoria”
Y uno que he inventado a la vista de los anteriores “Quien miente y no le agrada saber la verdad, no es persona de fiar” para aplicar a quienes coincide todo eso y, además, su sonrisa en más falsa que uno de los citados duros,  ¡C’est la víe!


Murcia, 2  de Mayo de 2014                                      José María Vela Urrea.

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