Comienzo, como base
a lo que diré después, que en mi casa siempre hubo una gran afición a la
lectura; en 1932 mis libros de lectura en la escuela fueron CORAZÓN, de Edmundo
de Amicis y el “Quijote” de Cervantes. Aparte de eso entraban las siguientes
revistas: para mi Madre (q.e.p.d.) “El hogar y la moda”, “Moda práctica” y
“Films Selectos” , revista del cine de entonces; para mi Padre (q.e.pd.)
“Blanco y Negro” (que además llevaba el suplemento infantil “Gente Menuda”), y
“Algo” revista que informaba de los últimos adelantos entre artículos de humor
y de otras clases; para mi hermana y yo, semanalmente, el TBO, Pocholo,
Jeromín, Mickey, Aventurero, Tim Tyler y algún otro más ocasionalmente, por lo
cual teníamos bastante que leer. Al fallecer mi Padre en Noviembre 1939, dejé
la escuela y a los 12 años empecé a trabajar; por eso carezco de estudios
superiores y lo poco que sé lo debo a lo mucho que he leído.
Un recuerdo de
antaño es que en aquella época circularon monedas de plata de 0,50, 1, 2 y 5
pesetas, esta última el famoso “duro”,
que hacia volver la cabeza cuando alguien tiraba uno de ellos sobre un
mostrador de mármol. Yo me encontré una vez una peseta y cuando compré algo y
fui a pagar me dijeron era de plomo.
Recuerdo que Blanco y Negro publicó un artículo titulado
“La semana del duro” donde relataba las andanzas de un personaje que invitaba a
sus amigos en el bar y luego hacía lo antes dicho, llevándose la sorpresa de
que el camarero le dijera que el duro era falso (los había de dos clases, los
llamados “sevillanos”, que llevaban más plata que los legales, pero que sonaban
en el mostrador, y los de plomo, que se quedaban quietos donde caían.) Ignoro
de que clase era el citado, pues lo que ocurría entonces es que alguno de los
invitados pagase la cuenta. Así estuvo sucediendo durante varios días, en
diversos bares y con distintas amistades, hasta que un día alguien no se dio
cuenta de que no era legal y se quedó con el duro, perdiendo su dueño esta mina
que le había permitido convidar durante una semana.
Esas monedas de
plata circularon aquí al terminar la guerra, pues los billetes anteriores no
valían nada. La Fábrica Nacional
de Moneda y Timbre imprimió, entre otros, los de una y dos pesetas , éstos
últimos falsificados con diferencia de color. Los de 25, 50 y 100 pesetas
fueron impresos en Alemania, que hizo todos los que quiso sin que aquí dijera
nadie ni pío (ignoro si los de otros valores los hicieron también allí).
Después de la
guerra conseguí reunir las primeras ediciones de la colección “Hombres Audaces”
de Editorial Molino, calle Urgel 245, en Barcelona, así como los que siguió
publicando en otro formato más pequeño de Doc Savage, Pete Rice, La Sombra y Bill Barnes y sus
homónimos españoles Duke Strasley, Tres hombres buenos y otro como la Sombra , así como la del
Coyote que, debido a distintas mudanzas, regalé a un amigo.
Y después de este
largo inicio, hablaré de actualidad. El refranero español tiene un gran surtido
de ellos como, por ejemplo, “Antes se coge a un embustero que a un cojo” “Las mentiras tienen las patas muy cortas”,
“Para mentir es necesario tener buena memoria”
Y uno que he
inventado a la vista de los anteriores “Quien miente y no le agrada saber la
verdad, no es persona de fiar” para aplicar a quienes coincide todo eso y,
además, su sonrisa en más falsa que uno de los citados duros, ¡C’est la víe!
Murcia, 2 de Mayo de 2014 José
María Vela Urrea.
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