Para los que lo ignoren y para los que
recuerden ese día, es la fecha en que acabó la guerra en Murcia aunque,
oficialmente, lo fuese el 1 de Abril para toda España.
Mis Padres, mi hermana y yo, que antes de la
guerra vivíamos en el nº 1 de la calle de Vinadel, junto al jardín de Santa
Isabel donde pasé mi infancia, en Septiembre 1936 nos
mudamos a
casa de mis abuelos, sita al inicio del camino a Puente Tocinos, sobre
la que mi Padre elevó una planta para nosotros; éste cayó enfermo en Enero de
1937 , en cama. y así estuvo hasta su fallecimiento el 29 de Noviembre de 1939;
yo cambié mis juguetes por algún pan para mi Padre con el hijo de un panadero,
compañero en la escuela pública próxima a la que iba, donde aprendí hasta la
raíz cúbica.
Recuerdo que la noche del 28 y el 29 casi no
pude dormir debido al ruido que producían innumerables coches que circulaban
por la carretera de Alicante hacia dicha Ciudad, la cual estaba a menor de 100 metros de nuestra
casa, al abandonar sus puestos todos los responsables, por lo cual se hicieron cargo de los centros oficiales los
afectos al nuevo Régimen, causando gran sorpresa la cantidad de camisas azules
que salieron ese día a la calle, que amaneció con buen Sol, después del frío pasado
desde la nevada del 19, y me despertó un inmenso repique de campanas que no se
había oído en tres años.
Nosotros pusimos en la terraza una Bandera
nacional que mi Madre tenía escondida, aunque continuó nuestro Calvario de otra
manera: la moneda que había circulado hasta entonces, los billetes de la República y los que
había expedido el Ayuntamiento de Murcia, los famosos “Piñuelas”, NO VALIAN
NADA. En mi casa sólo yo tenía algunas monedas de cobre, de 5 y 10 céntimos,
que usaba en mis juegos. Menos mal que algunas personas nos ayudaron con lo que
podían. Unas vecinas anteriores con 25 ptas.
Isabel, la mujer que había lavado la ropa
antes de la guerra, y vivía en la huerta próxima a Puente Tocinos, nos trajo un
puñado de patatas; mis abuelos recibieron un giro de 25 pesetas de un hijo que
había pasado la guerra en Segovia, igual que hizo otro desde Barcelona. También
un hermano de mi Padre que había sido Guardia de Asalto y estuvo expedientado
durante la guerra volvió a su cargo y destinado a Intendencia pudo darnos capazas llenas de lentejas, que
se cocían sin nada más para desayuno, comida y cena...
Ocurrió también que al ir mi Madre, el 31 de
Marzo, a la oficina donde había trabajado mi Padre le pagaron en billetes de la República que hacia tres
días no valían nada, y le dijeron que no volviese más, pues cerraban el negocio
al no haber nada que exportar.
Han pasado 75 años, en los que han ocurrido
muchas cosas. Empecé a trabajar a los 12 años y me jubilé a los 65, en 1992.
Estuve en talleres donde el sábado no pagaban y me iba a otro el lunes. Trabajé
en el pluriempleo, en tres sitios, 18 horas diarias. Después conseguí
estabilizar mi situación y pude construir la modesta vivienda donde resido.
Quedé viudo en 1976; mi Madre falleció en 1993 y desde entonces me arreglo como
puedo en esta España donde se ha triplicado la población, vuelve a haber hambre
y paro, reina la corrupción y la droga, no salimos de la crisis y la juventud
no tiene otra salida que emigrar. Considero, por tanto, no hemos adelantado
nada y que esto no tiene arreglo, pues muchos políticos -como siempre- lo único
que miran es por su bienestar,
obrando con arreglo al dicho de “En España, el que puede, apaña”.
Murcia, 29 de Marzo de 2014 José María Vela Urrea
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