viernes, 4 de abril de 2014

2014-03-29 EL 29 DE MARZO DE 1939



Para los que lo ignoren y para los que recuerden ese día, es la fecha en que acabó la guerra en Murcia aunque, oficialmente, lo fuese el 1 de Abril para toda España.

Mis Padres, mi hermana y yo, que antes de la guerra vivíamos en el nº 1 de la calle de Vinadel, junto al jardín de Santa Isabel donde pasé mi infancia, en Septiembre 1936 nos
mudamos a  casa de mis abuelos, sita al inicio del camino a Puente Tocinos, sobre la que mi Padre elevó una planta para nosotros; éste cayó enfermo en Enero de 1937 , en cama. y así estuvo hasta su fallecimiento el 29 de Noviembre de 1939; yo cambié mis juguetes por algún pan  para mi Padre con el hijo de un panadero, compañero en la escuela pública próxima a la que iba, donde aprendí hasta la raíz cúbica.

Recuerdo que la noche del 28 y el 29 casi no pude dormir debido al ruido que producían innumerables coches que circulaban por la carretera de Alicante hacia dicha Ciudad, la cual estaba a menor de 100 metros de nuestra casa, al abandonar sus puestos todos los responsables, por lo cual se  hicieron cargo de los centros oficiales los afectos al nuevo Régimen, causando gran sorpresa la cantidad de camisas azules que salieron ese día a la calle, que amaneció con buen Sol, después del frío pasado desde la nevada del 19, y me despertó un inmenso repique de campanas que no se había oído en tres años.

Nosotros pusimos en la terraza una Bandera nacional que mi Madre tenía escondida, aunque continuó nuestro Calvario de otra manera: la moneda que había circulado hasta entonces, los billetes de la República y los que había expedido el Ayuntamiento de Murcia, los famosos “Piñuelas”, NO VALIAN NADA. En mi casa sólo yo tenía algunas monedas de cobre, de 5 y 10 céntimos, que usaba en mis juegos. Menos mal que algunas personas nos ayudaron con lo que podían. Unas vecinas anteriores con 25 ptas.
Isabel, la mujer que había lavado la ropa antes de la guerra, y vivía en la huerta próxima a Puente Tocinos, nos trajo un puñado de patatas; mis abuelos recibieron un giro de 25 pesetas de un hijo que había pasado la guerra en Segovia, igual que hizo otro desde Barcelona. También un hermano de mi Padre que había sido Guardia de Asalto y estuvo expedientado durante la guerra volvió a su cargo y destinado a Intendencia  pudo darnos capazas llenas de lentejas, que se cocían sin nada más para desayuno, comida y cena...

Ocurrió también que al ir mi Madre, el 31 de Marzo, a la oficina donde había trabajado mi Padre le pagaron en billetes de la República que hacia tres días no valían nada, y le dijeron que no volviese más, pues cerraban el negocio al no haber nada que exportar.

Han pasado 75 años, en los que han ocurrido muchas cosas. Empecé a trabajar a los 12 años y me jubilé a los 65, en 1992. Estuve en talleres donde el sábado no pagaban y me iba a otro el lunes. Trabajé en el pluriempleo, en tres sitios, 18 horas diarias. Después conseguí estabilizar mi situación y pude construir la modesta vivienda donde resido. Quedé viudo en 1976; mi Madre falleció en 1993 y desde entonces me arreglo como puedo en esta España donde se ha triplicado la población, vuelve a haber hambre y paro, reina la corrupción y la droga, no salimos de la crisis y la juventud no tiene otra salida que emigrar. Considero, por tanto, no hemos adelantado nada y que esto no tiene arreglo, pues muchos políticos -como siempre- lo único que miran es por su  bienestar,
obrando con arreglo al dicho de “En España, el que puede, apaña”.


Murcia, 29 de Marzo de 2014             José María Vela Urrea

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