El baloncesto (meter un balón dentro de un cesto)
traducción al castellano de la inglesa basket-ball, aunque los americanos,
prácticos en abreviaturas lo dejaron primeramente en "basket" y ahora
en NBA, tiene unos orígenes muchísimo más antiguos de lo que una gran mayoría
puede suponer.
El baloncesto no nació en una pajera donde jugaban unos
muchachos, cuando se le ocurrió a uno tirar la pelota y ver quien la metía en
aquel cesto viejo para echar la ropa sucia que se encontraba allí arriba.
Profundas investigaciones en los más hondos arcanos nos
han llevado hasta los tiempos prehistóricos, en los que para distraerse en los
ratos libres en que no había que cazar ningún mamut, arrastrar por el pelo a
una mujer hasta la cueva, o pensar en inventar una cosa tan prosaica como la Declaración de la Renta , el hombre primitivo
se juntaba con sus amigotes y se entretenía en tirar piedras hacia la cruz de
un árbol, ganando el premio (una chuleta de venado silvestre) el que conseguía
que su piedra quedase allá arriba.
Se idearon nuevas cosas como las vajillas de barro cocido
al fuego y el tejido de cestos para recoger fresas silvestres, y el día que a
un remoto antepasado nuestro se le ocurrió atar con lianas un cesto en la misma
cruz de ramas a las que tiraban las piedras (que así la que caía dentro allí se
quedaba) nació el baloncesto, aunque se perfeccionó algo un poco después cuando
intervino el gracioso de turno -que siempre existe en todas las sociedades más
o menos organizadas, y aquella pese a su primitivismo ya lo estaba- conforme se
ha podido apreciar por todos los restos arqueológicos que llenan esos sitios
que no visitan muchos y que se llaman Museos.
Pues bien, como ya se ha dicho antes, existía el
"gracioso" y éste entró en acción con la gran idea de tirar un
pedrusco más gordo (hoy diríamos antirreglamentario) para intentar romper el
fondo del cesto que, además, ya estaba para pocos trotes.
¡Había nacido el "pedruscocesto"!
De aquí a colocar debajo al tonto del pueblo para que, a
fuerza de chichones, llevara la cuenta de las veces que el pedrusco entraba en
la cesta por arriba y le caía en la cocorota al salir por debajo, se inició
otro gran invento que han perfeccionado después los japoneses : el marcador electrónico.
Desde entonces todo ha sido cosa de coser y cantar, con
minucias tales como que los jugadores pasen de los dos metros de estatura, que
calcen zapatillas especiales de determinada marca (la que les paga para que las
anuncien), que fichen por equipos que pagan en dólares, etc., etc., aunque ya
me gustaría a mí, en una marcha hacia atrás del tiempo, ver a unos de nuestros
mejores jugadores luciendo camisetas pagadas por el "sponsor" de
turno, entrar en liza en un partido con algunos de los eternos rivales de
aquellos tiempos: los hombres de Cro-Magnon y los de Neardenthal.
JOSE
MARIA VELA URREA
No hay comentarios:
Publicar un comentario