Ya nos hemos
quedado tranquilos. El sábado 7 de Septiembre en las votaciones del Comité
Olímpico Internacional, reunido esta vez en Buenos Aires, después de haber
escuchado los últimos informe de presentación de las candidaturas de Madrid,
Estambul y Tokio, decidió en la votación inicial, entre los dos primeros
citados, mientras allí llovía a mares y en la capital de España se celebraba un
festival que no tenía sentido hasta saber si el resultado había sido positivo, eliminar a Madrid (cosa que ya ha
ocurrido tres veces, así es que el dicho español de “A
la tercera va la vencida” no se ha cumplido), quedando para una segunda votación designar si
Estambul o Tokio sería la ciudad designada para celebrarlos en 2020; al final
fue la capital del Japón..
Más de un gran avión precisarían para regresar a
Madrid todos los que componían la extensa representación hispana, desde el
Presidente del Gobierno que se dio una gran paliza para hacer el recorrido San
Pertersburgo-Moscú-Buenos Aires, los Príncipes de Asturias, deportistas (demasiados,
para no sé qué) y desplazados por los medios de comunicación españoles,
(también muchos), ocasionando un elevado coste.
Bueno, a esperar
otra ocasión, cuando corresponda se celebren en Europa. Mientras España se
ahorra remodelar el tan pocas veces
utilizado estadio de La Peineta y de segar la hierba que crece en sus
cercanías. Creo que, si llega la ocasión, costará menos derribarlo, conforme se
han hecho con los míticos Wembley y San Mamés y hacerlo nuevo para estar al día,
tomando como modelo ese nuevo estadio inglés.
Ahora, cuando toca
de nuevo esperar, como mínimo otros cuatro años, quedan dos cosas por realizar: establecer una ruta para que la
llama olímpica vaya desde Grecia, en el paralelo 40 Norte, hasta Tokio en el
35, ambos aproximados, por los terrenos más llanos posibles. Estudiando un
Mapa-Mundi, la ruta más corta, siempre
entre los dos paralelos citados, sería Olimpia-Thessalonika-Estambul- Ankara-
Tiflis- Bakú, cruzar el Mar Caspio en barco hasta Turkumenassi y por el Norte
de la India y de Birmania, a China, pasando por Pekín hacia Corea y Japón. Veremos
por donde discurre esa larga ruta, pues la citada es casi en línea recta, según
el mapa.
La otra cosa: Renovar TOTALMENTE el Comité Olímpico
Internacional.
Desde su
instauración en la Era Moderna por el
Barón Pierre de la Coubertin estimo que sus normas no han sido muy democráticas
y, como ahora estamos inmersos en un mundo globalizado, pienso que ha llegado
el momento en que cambien ciertos hábitos que se alejan de ese ideal, toda vez
que personajes provenientes del mundo político se apoderaron de sus altas
esferas, vivían en Suiza con avión y coche a su disposición y dejaron puesto a
sus familiares.
Algo así como que
en la Selección Nacional de Fútbol se siente en el banquillo una chica con
gafas y pelo largo cuya única misión, al parecer, es llevar al cuarto árbitro
un papel con los nombres y números de los jugadores que son sustituidos y por
quienes, cosa que muy bien puede hacer el Seleccionador o un ayudante suyo,
pues allí deben de estar los necesarios solamente.
Estimo que ha
llegado la hora de constituir dicho Comité
de una nueva forma, para lo cual propongo el siguiente procedimiento: Después
de la celebración de unos Juegos Olímpicos cada Federación Nacional dimitirá,
presentando una lista con los nombres de todos los atletas que han participados
en los mismos por orden alfabético de su primer apellido, figurando en cabeza
de lista los que hayan obtenidos Medallas de Oro, Plata o Bronce, incluyendo el
currículum de estudios y conocimientos de todos y cada uno de ellos.
Los incluidos en
ella votaran, en cantidad suficiente para cubrir las plazas asignadas a cada
Nación, a los que crean más idóneos por
sus méritos intelectuales, toda vez que en su nuevo cometido no precisaran
fuerza ni habilidad sino talento para un mejor desempeño de su trabajo en dicho
Comité, por un solo mandato, al
cesar totalmente de sus cargos en la siguiente Olimpiada.
Creo es la mejor
forma de efectuar el relevo de muchos que viven a costa de quien sabe quien,
con la excusa de conservar y promocionar el olimpismo. Hay que ser un poco más
decentes y dejar paso a los que han ganado, con su esfuerzo y dedicación, un mérito en las pistas donde, al fin y al
cabo, también se celebran carreras de
relevos.
Veremos si se
consigue algo tan simple y lógico como lo expuesto que, además, puede realizarse en todos los ámbitos deportivos,
con algunas variaciones, con mandatos
fijos y limitados, sin posibilidad de reelección, eliminando a vividores (muchos no han
practicado nunca ningún deporte) que se han atornillado a la poltrona y medran
a costa de los demás, sucediéndose en los cargos eternamente.
Murcia 8 de Agosto
de 2013 José María Vela
Urrea