miércoles, 2 de mayo de 2012

VUELO ESPACIAL

El pueblo de Villatortas de Abajo, cuatro calles, fuente de agua junto al Ayuntamiento, Iglesia románica (así catalogada por el Secretario municipal, que como había estudiado en Salamanca sabía de todo un poco), plaza de toros, portátil, que traían para las fiestas, campo donde jugaban al fútbol cuando reunían 11 zagales que se vistieran de corto, que, en el verano, estaba plantado de cereal, pistas forestales para hacer recorridos tipo maratón y tranquilidad a todo trapo, es un lugarejo perdido en la inmensidad de una zona esteparia de esta “piel de toro” que algunos nombran como España. Como es natural en todo pueblo que se precie de algo y tenga a orgullo poseerlo, hacía gala de su Iglesia, que decían era del tiempo de los romanos, (de ahí lo de “románica”) lo cual malhumoraba a los del otro pueblo, cercano unas dos leguas, llamado Villatortas de Arriba, pues estaba situado en la ladera de un monte, donde sólo tenían una pequeña ermita. Y, como de costumbre, cuando en un pueblo hacían una cosa, en el otro intentaban superarla. Lo último, sangrante y aún pendiente, es que en el de Arriba, aprovechando estar en alto y con más viento, habían conseguido hacer volar una cometa de más de 8 varas de largo. Diferencias aparte, aquí ha llegado el progreso como a muchos otros rincones de nuestro país gracias a la televisión; se enteran de todo lo que pasa en el planeta sin pagar nada y así pueden ver partidos de fútbol, de tenis, “corridas” de motos, de coches y de toros, bien en el bar del pueblo, pomposamente llamado “Casino”, o cada uno en su casa junto a la familia, para enterarse de todos los trapos sucios de la “hig society”, ver alguna película de vaqueros o algunos de los muchísimos concursos tontos que hacen. Después de los Juegos Olímpicos de China, con sus estupendos castillos de fuegos artificiales (que dicen habían sido grabados durante los ensayos, emitidos como si fuesen en directo y que otras tracas eran programas de ordenador, unidos al canto de la guapa Lin Miaoke que solo movía los labios), han visto la emisión de unos chinos ondeando banderitas, fuera de la atmósfera terrestre según dicen, cosa que con el anterior “cuento chino” ha sido acogido con todas las reservas, pues extraña que los esperaran, en medio del desierto, con sillones, flores y cámaras de la televisión china. En fin, que si esto es verdad, pronto vamos a ver satélites pintados con bandas y estrellas, otros de color rojo y, ahora, de amarillo, con lo cual no puede confundirse nadie para saber de quien es cada uno; solo falta colocar unos cuantos semáforos allá arriba y un municipal tocando el pito para dirigir el tráfico y evitar los accidentes que sufrimos aquí abajo con barcos, aviones, coches y motos. Pues bien, al ver esa proeza las fuerzas vivas de Villatortas de Abajo, para devolverle la pelota a los de Arriba, acordaron en solemne sesión secreta sumarse al club del espacio para que, por lo menos, quedase constancia histórica de la fuerza de un pueblo unido como el suyo, donde están presentes todos los valores que caracterizan a nuestro país, emulando a Fuenteovejuna. Colecta al salir de misa de siete y dinerito que fue juntando el alcalde para la magna empresa, a celebrar como colofón de las fiestas del pueblo. Convencieron a Perico “el tonto” de su encumbramiento a la fama, pues uniría su nombre al de Neil Amstrong y otros astronautas americanos de la primera hornada, junto a la perrita “Laika” y los de estos chinos que se han dado un paseo espacial. Y encargaron al pirotécnico Cañete que, para esas fiestas, en vez de tracas, bengalas y demás artilugios festeros, preparase un cohete especial, diseñado por el Secretario del Ayuntamiento donde, en un gran sillón, se acomodaría Perico para el viaje espacial... Las fiestas del santo ese año fueron sonadas. Se lavó la imagen en la fuente, que hacía un siglo no se realizaba, viendo que la túnica era roja en vez de negra, cosa que corrió como la pólvora por los pueblos cercanos, junto con la noticia del vuelo espacial. Un fabricante de botijos compró un mono azul, para anunciarse con un letrero de su industria, destinado a vestir al astronauta que inscribiría el nombre de Villatortas de Abajo junto a los de Cabo Cañaveral, el polígono ruso de Baikonur y el que todavía no sabemos su nombre chino. Los cálculos del Secretario eran de que saliese desde el cerro cercano, diese una vuelta a la Tierra y volviera para aterrizar antes de la suelta de la vaquilla en la Plaza de Toros, con lo que más español no podía resultar el evento. Así es que subieron el cohete en un carro hasta la cumbre del monte, junto con el sillón (que había retirado el acalde de su despacho para poner otro nuevo), siendo acompañado Perico por el señor cura que le iba echando todas las bendiciones que sabía para que saliera bien de su arriesgada misión, así como por todos los mozos del pueblo con panderos y cencerros. Perico se acomodó en la silla ex-municipal espacial; se puso un casco de motorista que le prestó un primo suyo y las gafas. El sepulturero marcó el rumbo Norte con la brújula que utilizaba cuando trabajaba para que el extinto tuviese la cabeza orientada hacia Jerusalem y Perico, no fiándose mucho de esos artilugios, comprobó que el Sol se pondría por su izquierda y, por lo tanto, estaba cara al Norte. El alcalde, después de echar un discurso inflamado de patriotismo local, prendió la mecha del cohete y éste salió hacia los espacios siderales mientras los músicos, un trombón y una guitarra, tocaban un pasodoble muy parecido a “Paquito el cholatero” Grandes nubes de humo y otras en el cielo, ocultaron tan excelso suceso que, por este motivo, no pudo ser inmortalizado gráficamente. Conforme estaba previsto por el Secretario, un minuto y catorce segundos después, batiendo todos los records de dar una vuelta al globo terráqueo, pasando por el camino más corto de la ruta polar, el cohete, con Perico, cayó, de acuerdo con los cálculos técnicos, en la Plaza de Toros, antes de haber soltado la vaquilla, que ya no salió, pues lo ocurrido eclipsaba a los demás festejos programados. Entre el jolgorio que se puede suponer los mozos del pueblo llevaron a Perico, con silla y todo, hasta el Casino donde se hizo la celebración por todo lo alto; después saludó al pueblo desde el balcón del Ayuntamiento, concedió entrevistas a la prensa extranjera y a la televisión, aceptó el nombramiento de “hijo predilecto” del pueblo, junto con sus llaves y 7’35 Euros que habían sobrado de las colectas para financiar el viaje. Y así, de esta forma, Villatortas de Abajo figura desde ese día, en el Club espacial, como demostración palpable de lo que es capaz el orgullo de un pueblo unido. Septiembre 2008 José María Vela Urrea