miércoles, 2 de mayo de 2012

DE TAPEO POR MURCIA

 De un pueblo como el nuestro que, en muchas ocasiones, se ríe hasta de su sombra, puede esperarse cualquier cosa, pues a una a la que todavía no se le ha podido poner puertas -como al campo- es al ingenio; como éste es gratis, abunda y sustituye en muchos casos a lo que se llama "derecho al pataleo", tenemos la ocasión de satisfacer nuestra antropofagía política degustando unos bocadillos especiales que prepara un céntrico establecimiento de la zona de copas y tascas universitarias, el BAR SANWICHERIA CIRCO, que está en el "cogollo" como decimos en nuestra tierra murciana, al encontrarse en la calle de San Ignacio de Loyola, exorcirzador de endemoniados y fundador de la Compañía de Jesús, (Iñaki para los amigos) muy próximo a los viejos, hoy remozados, claustros mercedarios donde se imparten enseñanzas y conocimientos. Y qué mejor alimento para el espíritu que, al fin y al cabo lo soporta la materia, que poderle hincar el diente -con mayor o menor saña política- a unos "Amedos", "Dominguez", "Roldanes", "Felipillos", "De la Rosa" y "Rubios", pasando por los "Super Garzón", magistrado-político-magistrado (de ahí, posiblemente, el apelativo de "Super", pues debe serlo para llevar tantas cosas adelante) un "Atienza", un "Juanico el Guerra" calentador de banquillos, o un ya perteneciente a nuestro pasado político y eclipsado "Collado". Y cada uno a cien diminutas y enanas pesetas. Por ese precio no se puede pedir más cuando se meten en los bocadillos manjares tales como el queso fresco o fundido, la roja sobrasada, las hoy caras anchoas, el CHORIZO -palabra que puede ser aplicada a muchos personajes- el lomo de cerdo, atún, boquerón o hueva , pues la HUEVA (femenino de "huevo") es un fruto marino, y por las AVES DE CUENTA, huevos de perdiz. Los manjares murcianos están muy bien representados por la lechuga, el tomate, el pimiento morrón y el chorrito de aceite (que al precio que tiene llegará a Marte antes que los astronautas), aunque lo típicamente nacional es la TORTILLA DE PATATAS, obligado acompañante y condumio de aquellos viajes antañones en los desaparecidos vagones de tercera clase, remolcados por locomotora quemando carbón. Como toque exótico de pleitesía extranjera, hamburguesas y, como salsas, la "brava" y la mahonesa (o de Mahón) pues fue en esa isla mediterránea donde, no sabiendo como aderezar el parco, aburrido y sobrio yantar militar francés, la inventó un gabacho. Después, alguien escribió la palabra "mayonesa" para enmascarar un producto de origen balear. Remata la colección de los manjares que se alojan dentro del pan cortado el BAICÓN, anglicismo de los que van invadiendo nuestro rico y sonoro idioma, en una errónea transformación muy sui-generis, ya que en castellano es BACON (y así se escribe en el idioma de Guillermito Shakespeare) aunque la pronunciación inglesa de la A, en muchos casos es EI, además sin acento en la O pues la gramática inglesa no los tiene gráficos, en una loable economía de tinta que le honra. Propongo también, en defensa del idioma que empleó Cervantes, cambiar el nombre del Bar -el de unas islas del Pacífico, las SANDWICH, cerca de la Antártida- por el más castizo de BOCADILLERIA, aserto abonado por la preparación de estos singulares BOCADILLOS ESPECIALES. Una advertencia. He encontrado esta noticia curiosa y actual que, en momentos donde hace falta tener humor, estimo conveniente difundir, sin convite sobornario o, como dicen los franceses en este caso: "pas de pot de vin". Años antes de la llegada del Euro. JOSE MARIA VELA URREA