miércoles, 2 de mayo de 2012

LA NUEVA VIDA

 Nos ha tocado vivir en una época dominada por el automatismo, la robótica y la informática, elementos todos que deshumanizan el trato entre personas aislándolos al eliminar contactos. Con el sólo hecho de dar su número de identidad, por ejemplo en un banco, la máquina -el ordenador- facilita todos sus datos, nombre, apellidos, domicilio, teléfono, saldo, pagos e ingresos y todos los movimientos de su cuenta en un plazo bastante grande de tiempo hacia atrás, lo cual también puede obtenerse desde cualquier cajero automático donde, introduciendo su tarjeta de crédito, expide todos esos datos impresos y, si además teclea su número secreto, puede sacar dinero en cualquier sitio de la red. Hacienda ha llegado más allá, pues aparte del número del DNI, una letra clave obtenida mediante un cálculo con el mismo, ahora ha incorporado el código de barras con lo cual, aparte del nombre y apellidos, ya tiene otros dos medios para localizarnos. Pueden comprarse muchos artículos con solo acercarse a las máquinas; sellos de correo, tabaco de diversas marcas, bebidas refrescantes, billetes de metro y ferrocarril, por citar unos cuantos, dentro de una extensa lista que finaliza por la de preservativos en máquinas situadas junto a muchos servicios. Muchas máquinas están preparadas para admitir billetes de banco, rechazar los que sean incorrectos y devolver cambio. Eso donde no están preparadas para admitir tarjetas magnéticas, que paga por adelantado al adquirirlas y va consumiendo poco a poco en autobús, metro o teléfono. Lo de llamar por teléfono comprando una ficha (conservo una como recuerdo de otros tiempos) hace mucho tiempo que pasó a la historia; después se echaban monedas y, como robaban las cabinas, ha salido hace tiempo la tarjeta magnética con lo cual la compañía recoge dinero por anticipado y Vd. lo gasta conforme precise, introduciéndola en los aparatos adecuados. Aquellos tiempos en que era preciso esperar horas, y hasta días, para celebrar una conferencia telefónica desde un locutorio con la intermediación de una telefonista que le atendía en el mostrador dándole un papelito amarillo con un número, mientras ella facilitaba los datos a la sala de conexión donde se afanaban cantidad de señoritas bajo atenta mirada de la celadora, son algo que hoy puede considerarse antidiluviano. Desde su misma casa, un teléfono público, o desde su portátil marca una tira de números y puede hablar al instante, y mejor que si lo tuviese al lado, con alguien que está en las quimbambas. Sofisticados mecanismos establecen la comunicación, bien por cable o vía satélite con cualquier rincón del planeta. Esos mismos aparatos le cargarán el importe de su llamada, detallando en la factura que le está preparando el número a que llamó, fecha, hora, duración, consumo e importe...cargo que luego se cobra de su cuenta bancaria. Lo más moderno es la red llamada Internet a la que puede accederse desde un ordenador, previo abono al servicio, conectando con una diversidad de sitios que le facilitan todos los datos disponibles del tema que solicita, bien en pantalla o por fax, moderno instrumento de transmisión de textos utilizando la línea telefónica por mediación de un móden. Así puede disponer de la biblioteca británica o de los anales de una universidad norteamericana, pongamos por caso. Una de las últimas utilizaciones de este sistema ha sido el de entablar relaciones una pareja, sin conocerse, hasta que han tenido su encuentro en un aeropuerto londinense para casarse. Tienen la ventaja que, si después no desean hablarse, pueden recurrir al mismo sistema por el que se conocieron. Por descontado así se llega hasta la casa del futuro. No hay que salir para trabajar, pues se conecta por medio del ordenador; las ventanas se abren automáticamente con luz solar; los niños reciben enseñanza a distancia, o ven programas de vaqueros, por la pantalla del televisor. Si los padres se ausentan pueden dejarle mensajes desde si tiene que sacar al perro hasta lo que hay dispuesto en el frigorífico para cada comida. El mayor refinamiento, para países de cortas horas solares, es la casa giratoria que siempre tiene hacia el astro rey el lado que se desea calentar... Y mientras, en sitios donde todavía no ha llegado el progreso, se malvive en chozas de barro, entre secos pedregales o arenales inacabables, teniendo que andar kilómetros para llevar un poco de agua a la "casa"... Son las diferencias entre pobres y ricos, en un planeta mal repartido y con inmensos desniveles sociales. Si debajo de los pies de esos desheredados de la fortuna hay petróleo o cualquier otro mineral estratégico enseguida irán algunos a quitárselos para explotarlos en propio beneficio y en "el de la humanidad"; saldrán otros que querrán lo mismo y facilitaran armas y medios para que aquellos puedan "recuperar lo que es suyo", iniciando una nueva guerra en la que, como en todas, los combatientes sólo pueden cosechar la destrucción o la muerte, siendo el beneficio para los que han estado bastante alejados del sitio donde caían las bombas. Abril 2008 José María Vela Urrea