Después del 8 de Mayo de 1945, final de la IIª Guerra Mundial, en Europa, los españoles que tuvieron la suerte de conseguir un contrato de trabajo en cualquier país de los que habían quedado arrasado por este cataclismo, especialmente Alemania, ante la mala situación por la que aquí se atravesaba, se echaron la maleta de madera al hombro, el que la tenía, y marcharon fuera para trabajar donde hacía falta mucha mano de obra, dirigidos por quienes hablaban unos idiomas que no habían oído nunca.
Acabada la reconstrucción de esos países, habiendo cambiado la situación tanto allí como aquí, algunos optaron por llevarse a la familia dado que se habían situado en una posición que aquí no llegarían, integrándose en las vidas y costumbres de aquellos lugares donde sus hijos consiguieron un porvenir que ellos no habían soñado tener.
Otros, con menos espíritu aventurero, recogieron los ahorros de años viviendo en un barracón y malcomiendo y se vinieron para el terruño, a su casita y comprar algunas tierras que les situaran entre la elite de su pueblo. Lamentablemente hoy hay muchos que no tienen gana de hacer nada y le huyen a cualquier trabajo. Son parados voluntarios que prefieren vengan otros de fuera para hacer unos trabajos que ellos no consideran “cómodos” y prefieren estar en el “dolce far niente” de las listas del paro.
Por eso España se ha vuelto, desde hace unos años, en tierra de acogida de inmigrantes, unos procedentes de países de Hispanoamérica que buscan aquí un porvenir del que allí carecen; otros de los países del Este de Europa que, por los convenios dimanantes de la Comunidad no precisan pasaporte para cruzar fronteras, y de alguno más. Han venido algunas personas de cultura y con conocimientos superiores, pocos en realidad; también una gran cantidad de lo que no puede calificarse nada más que como “chusma”, junto con otros iguales de América, África, Asia y clandestinos diversos.
Estimo que el Gobierno español debía examinar a los que autorice a residir aquí con una cosa tan sencilla como explicarle nuestras costumbres -muy diferentes de las suyas- las que son nuestras horas de descanso, el respeto que se merecen todas las personas y que aquí, como en todos sitios, se debe TRABAJAR, no el dedicarse a no hacer nada y pedir
limosna, o a integrarse en actividades delictivas de la clase que sea, sirviendo como ejemplo la gran cantidad de crímenes con violencia de género que se producen por y entre los que no son paisanos nuestros.
Eso, bien explicado, escrito en un papel en su idioma y el nuestro, firmado junto con el CONTRATO DE TRABAJO, debidamente legalizados social y fiscalmente, para salir de España si no tienen otro, serviría de salvaguardia contra los que incumplieran las normas más simples de la convivencia -bajo pena de expulsión- y libraría a nuestro país de una gran cantidad de indeseables, toda vez que el Gobierno debería retornar al suyo, con gastos a cargo de aquel, tanto a los que han entrado clandestinamente como a una parte de esa “chusma” que se nos ha colado.
Y esto no es racismo ni xenofobia de ninguna clase. Es intentar vivir tranquilamente en nuestra tierra, como tiene derecho cualquier hijo de vecino ya que, supongo, si vamos
a otros países, tendremos que adaptarnos a las costumbres imperantes en ellos, sin darnos las condiciones de acogida y primeros auxilios que aquí facilitamos.
24 Agosto 2010
Acabada la reconstrucción de esos países, habiendo cambiado la situación tanto allí como aquí, algunos optaron por llevarse a la familia dado que se habían situado en una posición que aquí no llegarían, integrándose en las vidas y costumbres de aquellos lugares donde sus hijos consiguieron un porvenir que ellos no habían soñado tener.
Otros, con menos espíritu aventurero, recogieron los ahorros de años viviendo en un barracón y malcomiendo y se vinieron para el terruño, a su casita y comprar algunas tierras que les situaran entre la elite de su pueblo. Lamentablemente hoy hay muchos que no tienen gana de hacer nada y le huyen a cualquier trabajo. Son parados voluntarios que prefieren vengan otros de fuera para hacer unos trabajos que ellos no consideran “cómodos” y prefieren estar en el “dolce far niente” de las listas del paro.
Por eso España se ha vuelto, desde hace unos años, en tierra de acogida de inmigrantes, unos procedentes de países de Hispanoamérica que buscan aquí un porvenir del que allí carecen; otros de los países del Este de Europa que, por los convenios dimanantes de la Comunidad no precisan pasaporte para cruzar fronteras, y de alguno más. Han venido algunas personas de cultura y con conocimientos superiores, pocos en realidad; también una gran cantidad de lo que no puede calificarse nada más que como “chusma”, junto con otros iguales de América, África, Asia y clandestinos diversos.
Estimo que el Gobierno español debía examinar a los que autorice a residir aquí con una cosa tan sencilla como explicarle nuestras costumbres -muy diferentes de las suyas- las que son nuestras horas de descanso, el respeto que se merecen todas las personas y que aquí, como en todos sitios, se debe TRABAJAR, no el dedicarse a no hacer nada y pedir
limosna, o a integrarse en actividades delictivas de la clase que sea, sirviendo como ejemplo la gran cantidad de crímenes con violencia de género que se producen por y entre los que no son paisanos nuestros.
Eso, bien explicado, escrito en un papel en su idioma y el nuestro, firmado junto con el CONTRATO DE TRABAJO, debidamente legalizados social y fiscalmente, para salir de España si no tienen otro, serviría de salvaguardia contra los que incumplieran las normas más simples de la convivencia -bajo pena de expulsión- y libraría a nuestro país de una gran cantidad de indeseables, toda vez que el Gobierno debería retornar al suyo, con gastos a cargo de aquel, tanto a los que han entrado clandestinamente como a una parte de esa “chusma” que se nos ha colado.
Y esto no es racismo ni xenofobia de ninguna clase. Es intentar vivir tranquilamente en nuestra tierra, como tiene derecho cualquier hijo de vecino ya que, supongo, si vamos
a otros países, tendremos que adaptarnos a las costumbres imperantes en ellos, sin darnos las condiciones de acogida y primeros auxilios que aquí facilitamos.
24 Agosto 2010
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