lunes, 5 de septiembre de 2011

CREENCIAS


Este es un tema sobre el que hay que andar con cuidado, no solo por la existencias de distintas clases, sino por que quienes se encuadren en algunos de sus apartados, pueden llegar a ser violentos y fanáticos.

Las clases, según mi opinión, pueden ser religiosas o políticas. Ambas se subdividen en diversos grupos siendo, en el caso de las primeras, de una gran variedad donde la mayoría, que yo sepa, ofrecen una vida mejor después de ésta, cosa que no se ha podido comprobar científicamente, aunque existan algunos testimonios que son para hacer creer
pero que, razonablemente, no tienen explicación.

Hay una gran cantidad de ellas siendo las más principales, sin ordenar, por su número de creyentes, el Islam, el Cristianismo, el Budismo -que es casi una filosofía, según entiendo- el Hinduismo y algunas pocas más, casi de índole local pero con su número de adeptos. Todas tienen ciertas divisiones, esto es, hablando en líneas generales, y todas, o la mayoría, tienen un dios principal y otros menores, unas veces con los nombres de Dios, Alá, Buda, etc.

Y aquí es donde hallamos la primera cuestión: la existencia, admitida, de un dios supremo, aunque con distinto nombre.

Sería curioso, si alguna vez podemos contactar con habitantes (se supone) de algunos de los millones de mundos habitados -por quienes y de la forma que sean- que existen en el Universo, saber si tienen alguna creencia, como es ésta o las que haya allí y qué dioses tienes y con qué programa pues, lo que es bien claro y así hace suponer esto, es que el pensamiento humano, el nuestro y el de otros seres galácticos, puede pensar lo que estime conveniente. Creo que en nuestra generación va a resultar difícil conseguir esto pues una cosa tan simple como fueron los “platillos volantes” quedó sin aclarar para los pueblos de la Tierra, posiblemente por miedos políticos, aunque el relativo
dominio espacial ha llegado hasta crear, con chatarra de naves, satélites y otros ingenios, un cinturón que orbita a unos 450 kms. de altura que puede impedir se reciban
recibir radiaciones o mensajes inteligentes de algún mundo lejano al que no se podrá llegar nunca.

Y aquí es, después de los radicalismos y fanatismos religiosos que hacen que una persona sea capaz de llevar una cantidad de explosivos para inmolarse junto a unos inocentes, locura imbuida en algunas mentes exaltadas, a las que le ofrecen un puesto en su Nirvana quienes quedan a salvo y se guardan de hacer lo que predican, donde se encuentra otro radicalismo, también peligroso: el político, máxime cuando su ideario proceda de una mente calenturienta que se ha forjado algo sobre lo que no escuche a nadie en su intento de llevarlo a la realidad, caiga quien caiga. Lo malo, como siempre, es que éstos tienen una cohorte de fanáticos adictos que le secundan con tal de tener poder y dinero. De éstos, que se llaman “dictadores” hay diversos y variados ejemplos en la Historia.

El Pueblo, de cada país o sitio, es muy libre de pensar qué es lo más conveniente para su bienestar en este Mundo, así como para creer lo que quiera del desconocido “Más allá”.
19 Agosto 2010

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