El Padre Pajares,
de la Orden de
San Juan de Dios, falleció en Madrid a los pocos días de haber sido trasladado,
en un vuelo especial organizado por el Gobierno español desde Africa a Madrid y
ser internado en uno de sus principales Hospitales donde le prestaron las mejores
atenciones posibles al padecer una enfermedad que, por su desconocimiento la
estudia la Medicina
mundial y sin una vacuna efectiva todavía, contra el virus del ébola, causante
de gran cantidad de víctimas en varios países de ese Continente.
Para evitar males
mayores, su cadáver se incineró rápidamente sin efectuarle autopsia;
se utilizó una
máquina especial para realizar una desinfección en profundidad y se dotó de
guantes, mascarillas y algún protector más a empleados de Aduanas que revisan
los equipajes en algunos aeropuertos españoles, cuando lo más fácil y seguro es
cancelar todos los vuelos procedentes de la zona infectada.
Que yo sepa no se
hace algo similar con los que huyen de sus países, pagando a las mafias unas
cantidades que, por su miseria, no comprendo como habrán podido reunir,
para intentar
llegar su meta : Europa, a través de España, país que los acoge con las mejores
atenciones posibles, aunque haya unos millones de nacionales en el paro sufriendo
con sus familias las consecuencias de lo que, todavía, no se le ve el fin.
Ignoro si desde el
momento en que son recogidos por Salvamento Marítimo o cuando arriban a
nuestras costas, pasarán un reconocimiento médico exhaustivo y si serán
mantenidos en cuarentena hasta comprobar que no son portadores de tan temido
virus pues, además, sucede que al colmarse la capacidad de deportivos y otras
instalaciones donde los alojan, y no
devolverlos a su País, la única solución es trasladar a otros sitios del nuestro
a quienes buscan un porvenir mejor, pudiendo ser que, entonces, caigan en manos
de otra mafia: la de la economía sumergida.
Ahora es cuando
debo formular dos preguntas: ¿Porqué no los trasladan a islas sin habitantes,
tales como el islote de Perejil, que defendió España con tanto ahínco, o a
alguno de la zona de Alboran, donde serían atendidos por las ONG u otras
benéficas?
Y la segunda: ¿Ha
pensado alguien que con alguno de esos inmigrantes pueda viajar, y no se
detecte, alguno de esos temidos y fulminantes virus?
En ese momento
España se iba a ver más sola que cuando acabó nuestra guerra civil. Se
suspendería, por parte de Europa, nuestra amistad y trato con distintos países,
siendo la única ventaja la de que muchos defraudadores saldrían volando, y
nunca mejor usado el término, pues iban
a faltar aviones para trasladarlos a los “paraísos fiscales” donde, muchos,
guardan sus “ahorros”.
Piense en todo esto
alguien de los que ocupan elevados cargos, si es que me lee alguno con sentido
común que, supongo, ya tendrá preparada la maleta por si acaso.
Murcia, 17 de Agosto de 2014 José María Vela Urrea
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