Recuerdo haber
visto hace tiempo, en una revista de los años 20 del pasado siglo, la
publicación de un mapa de Europa donde figuraban las restricciones aduaneras de
cada País con muros de diferente altura, llamándome mucho la atención que las
de la entonces Unión Soviética fuesen las más altas, con mucha diferencia, con
las de otros Países y que, además, sobre el muro que la separaba del resto de
naciones que formaban Europa, hubiese
una elevada alambrada.
Debe suponerse lo
severas que serían las condiciones de sobriedad en aquellos tiempos de
entreguerras aunque, durante los de la española, hubiese naranjas murcianas en
la mesa de Stalin, cuando se estaba formando la nación que después haría frente
a las tropas de Hitler con un solo puerto marítimo por donde recibir ayuda de
los Aliados: el de Mursmank, al norte del País, en el Círculo Polar Artico y
con la oposición de los “lobos solitarios” del almirante Canaris, ya que por las dos otras bases militares, la
de Sebastopol en el Mar Negro y la de Vladivostock en el Océano Pacífico, por
la primera era imposible realizar ningún envío y por la segunda, aparte del
peligro que entrañaba su situación próxima al Japón había unas distancias muy
largas, tanto por mar como por tierra hasta Moscú y los montes Urales.
Ahora, bastantes
años después de haber concluido la llamada “guerra fría” que alejó a los
Aliados de Rusia, tras unos años de relativa amistad y calma, se ha roto ésta
con la incorporación de la península de Crimen a Rusia -como si el puerto de
Sebastopol tuviese salida libre a otros mares, cuando se encuentra en una
ratonera- y con el naciente problema en una parte de Ucrania, vuelve otra vez
la tirantez entre naciones.
Occidente, es decir
Europa con el respaldo USA, ha reaccionado y, por tal motivo, ha
impuesto
determinadas sanciones a Rusia, que está acostumbrada a grandes sacrificios y
ha pensado siempre en palabras como “Davai” y “Budit”, se ha apresurado a
emitir su veto a productos que importaba desde este lado de sus fronteras, sin
haber pensado en Bruselas que el asunto se volvería contra ellos, siendo España
una de las naciones que ha sufrido importantes pérdidas económicas en un
momento que les vienen muy mal este cese de ventas para su recuperación y, con
lo más perjudicial: que pierde un gran mercado para sus productos agrícolas en
favor de países del norte de África, el cual no sabe si recuperará alguna vez e
ignorando lo que podrán hacer desde la capital europea para paliar estos
importantes quebrantos sobre los que no han tomado ninguna decisión, cosa
complicada en tiempo de vacaciones estivales y con la lentitud característica
del funcionamiento de las comisiones parlamentarias.
Lo que creo no han
considerado desde este lado que, si Rusia lo desea, puede causar mayor
perjuicio solo con cerrar el grifo a sus exportaciones de gas natural, cosa que
paralizaría importantes empresas centroerupoeas, ya que no conozco que el gas
argelino tenga otro camino hacia el viejo continente más que el actual a través
de España. Esto sería una importante merma de ingresos para Rusia, la cual puede
compensara al adquirir los productos que importaba, supongo, a precios mejores
para ellos. En fin, que las “cabezas pensantes” ya tienen otro problema que
intentar resolver. Así es que, apaga y
vámonos.
Murcia, 16 de Agosto de 2014 José María Vela Urrea.
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