viernes, 12 de septiembre de 2014

FRONTERAS Y COMERCIO


Recuerdo haber visto hace tiempo, en una revista de los años 20 del pasado siglo, la publicación de un mapa de Europa donde figuraban las restricciones aduaneras de cada País con muros de diferente altura, llamándome mucho la atención que las de la entonces Unión Soviética fuesen las más altas, con mucha diferencia, con las de otros Países y que, además, sobre el muro que la separaba del resto de naciones que formaban Europa,  hubiese una elevada alambrada.

Debe suponerse lo severas que serían las condiciones de sobriedad en aquellos tiempos de entreguerras aunque, durante los de la española, hubiese naranjas murcianas en la mesa de Stalin, cuando se estaba formando la nación que después haría frente a las tropas de Hitler con un solo puerto marítimo por donde recibir ayuda de los Aliados: el de Mursmank, al norte del País, en el Círculo Polar Artico y con la oposición de los “lobos solitarios” del almirante Canaris,  ya que por las dos otras bases militares, la de Sebastopol en el Mar Negro y la de Vladivostock en el Océano Pacífico, por la primera era imposible realizar ningún envío y por la segunda, aparte del peligro que entrañaba su situación próxima al Japón había unas distancias muy largas, tanto por mar como por tierra hasta Moscú y los montes Urales.

Ahora, bastantes años después de haber concluido la llamada “guerra fría” que alejó a los Aliados de Rusia, tras unos años de relativa amistad y calma, se ha roto ésta con la incorporación de la península de Crimen a Rusia -como si el puerto de Sebastopol tuviese salida libre a otros mares, cuando se encuentra en una ratonera- y con el naciente problema en una parte de Ucrania, vuelve otra vez la tirantez entre naciones.

Occidente, es decir Europa con el respaldo USA, ha reaccionado y, por tal motivo, ha
impuesto determinadas sanciones a Rusia, que está acostumbrada a grandes sacrificios y ha pensado siempre en palabras como “Davai” y “Budit”, se ha apresurado a emitir su veto a productos que importaba desde este lado de sus fronteras, sin haber pensado en Bruselas que el asunto se volvería contra ellos, siendo España una de las naciones que ha sufrido importantes pérdidas económicas en un momento que les vienen muy mal este cese de ventas para su recuperación y, con lo más perjudicial: que pierde un gran mercado para sus productos agrícolas en favor de países del norte de África, el cual no sabe si recuperará alguna vez e ignorando lo que podrán hacer desde la capital europea para paliar estos importantes quebrantos sobre los que no han tomado ninguna decisión, cosa complicada en tiempo de vacaciones estivales y con la lentitud característica del funcionamiento de las comisiones parlamentarias.

Lo que creo no han considerado desde este lado que, si Rusia lo desea, puede causar mayor perjuicio solo con cerrar el grifo a sus exportaciones de gas natural, cosa que paralizaría importantes empresas centroerupoeas, ya que no conozco que el gas argelino tenga otro camino hacia el viejo continente más que el actual a través de España. Esto sería una importante merma de ingresos para Rusia, la cual puede compensara al adquirir los productos que importaba, supongo, a precios mejores para ellos. En fin, que las “cabezas pensantes” ya tienen otro problema que intentar  resolver. Así es que, apaga y vámonos.


Murcia, 16 de Agosto de 2014                        José María Vela Urrea.

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