martes, 1 de julio de 2014

EL TELÉFONO MÓVIL

                                            
Vivimos tiempos tan modernos que los regalos de antaño ya se han pasado de moda, aunque no de precio.

Antes era corriente regalar una pulsera o un collar a una joven o un reloj de bolsillo, con su cadena y colgante incluido, a un varón.

Las peticiones de mano eran los momentos propicios para cruzar estos regalos que, conforme se ascendía en la posición social, iban elevándose de precio hasta cifras fabulosas, distinguiéndose en regalos, como mínimo principescos, acreditadas joyerias como Cartier en Paris o Tiffany en New York donde disponen de amplios surtidos de joyitas ornadas con diamantes de los más gordos o esmeraldas del mayor tamaño, así como de relojes de las más acreditadas marcas suizas, de oro y brillantes, para quienes quieran deslumbrar a los receptores de los mismos.

En ambos establecimientos se exhiben joyas fabulosas  que solo podían adquirir en tiempos pasados los emperadores o maharajás mas adinerados pagando facturas con
larguísimas filas de ceros sin pestañear siquiera. Al disminuir el número de éstos son ahora los magnates del petróleo o corruptos de alta posición los que pueden permitirse esos lujos.

Aunque el riego de que atraquen a los portadores de semejante “chatarra” ha hecho disminuir, por lo menos, a sus poseedores que las guardan bajo siete llaves y las lucen, en algunas ocasiones, rodeados de un verdadero ejército de guardias de seguridad..

Eso ha hecho que los regalitos que se cruzan, por ejemplo, en una petición de mano entre jóvenes modernos, hayan derivados hacia objetos más prácticos y de uso diario como un teléfono móvil.

Aquí tienen un inmenso y variado surtido desde los más simples a los más sofisticados; desde los de precio ínfimo  hasta los que cuesta vaciar la cartera y prepararse después a pagar elevadas mensualidades, según los servicios que presten.

Casi todos, por ejemplo, llevan incorporadas cámaras fotográficas o de vídeo; también conexiones a muy diversos programas tanto para comunicarse de distintas formas como para informarse por diversos canales y, como se utilizan en las más mínimas ocasiones, son el regalo perfecto para muchas parejas, habiendo “cosas” que solo se aprecian en momentos íntimos que, por su tamaño, deben captarse en varias fotos panorámicas según el ángulo desde donde se enfoque y que constituyen recuerdos imborrables de momentos únicos a conservar hasta llegar a la tercera edad.

Nos encontramos en los inicios evolutivos de lo que fueron los enormes y pesados
radioteléfonos de los años 40; cada día son más pequeños y con mayores prestaciones.
Pronto, prepárense, se tendrá en ellos un potente ordenador; también se dispondrá de diversas herramientas (destornillador, abrelatas, brújula, una pistola de alarma, etc.) y
llegará el momento en que, desde un reloj de pulsera, podrán celebrarse rápidas   videoconferencias con personas situadas en los confines del mundo o del espacio...


Murcia,  8 de Junio de 2014                José María Vela Urrea.            

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