jueves, 5 de junio de 2014

LA JUSTICIA


Esa figura de una señora vistiendo túnica, los ojos cubiertos por una venda, una espada en la mano
izquierda (debe ser zurda, por eso andan muchas cosas como van) y unas balanzas al fiel en la derecha,
de ahí lo del derecho,  había llegado, por fin, a ser verdaderamente justa, si es que esto humanamente se puede conseguir. Después de largas sesiones de la Judicatura, aplicando ese famoso artículo que figura en lugar preeminente en muchas Constituciones de que "todos los ciudadanos son iguales ante la Ley", se había hecho un trabajo impecable, catalogando todas las posibilidades de delito al cubrir todos los casos que se pudieran presentar, lo cual permitía que, una vez el Fiscal presentaba las pruebas, el Defensor comprobaba no se vulneraba ningún derecho del que había vulnerado los de otros, sin presentar farragosos recursos, apelaciones, “habeas hábeas” y demás zarandajas que utilizan algunos picapleitos;  el Jurado emitía dictámen de culpable o inocente, el Juez leía la sentencia irrevocable que coincidía exactamente con el caso, fijada en el libro gordo de las Leyes la cual, por ninguna causa, no podía incumplirse ni modificarse y al truyo sin más contemplaciones.

Para el caso de que la mente humana, que no tiene límite, inventase algún nuevo delito no previsto, existía el famoso Artículo 33 por el cual el Magistrado de turno lo equiparaba al más aproximado y, a continuación lo inscribía en el lugar correspondiente sin cobrar  el inventor derechos de autor por su idea, aunque tenía el dudoso privilegio de que su nombre figurase en la lista de execrables.

Por ejemplo, si el asesinato había sido el de la suegra, cosa muy corriente, pongamos por caso, debía verse de qué forma se había consumado. Supongamos que había sido hecha por estrangulamiento y para cometer el crimen se había utilizado una cuerda de guitarra. Había pena distinta según se hubiese empleado un bordón o una prima, aunque la "prima" había sido la víctima al dejarse acariciar el gaznate con tal elemento. Y así todo con variaciones infinitas.

Que se quemaba un monte, pues nada de internar al culpable en un hotel de cinco estrellas como son muchas cárceles. Se le ponía un bonito traje, hecho a medida, modelo único y de ultima moda clásica carcelaria, de tela a rayas horizontales blancas y negras, calzado fuerte de trabajo -con la adición de medio metro de cadena de acero cromado, que en un extremo llevaba un grillete almohadillado y en el otro una bola de 15 kilitos- y a plantar árboles de lunes a sábado en jornadas de 8 horas, reivindicación sindical de cuando se trabajaba de sol a sol, gran avance social que ahora, al cabo de mucho tiempo, beneficiaba al penado que no cobraba nada por su trabajo y sin tabaco para evitar enfermase. El Estado cubría todas sus necesidades alojándole en un bonito sitio con rejas y vistas a la montaña, le mantenía, cuidaba de su higiene sin visitas femeninas, y procuraba no se extraviara con una discreta escolta.

Otro delito moderno y frecuente era el de conducir mal que peor, saltándose todas las normas de Tráfico. La foto del radar era enviada al siguiente control donde detenían al infractor, le daban una ampliación panorámica donde se veía muy bien la matrícula de su coche y lo dejaban de infantería. Si viajaba con familia ésta era llevada a la estación de ferrocarril más próxima para que volviese a casita, mientras el culpable iba por el arcén en el coche de San Fernando hasta el mismo lugar. Para hacer más turístico su paseo se le equipaba con un paraguas rojo y una botella de agua... y a hacer ejercicio, que es sanísimo. Después de haber respirado el aire de la campiña, pagado la multa, el paraguas, portes del vehículo, su viaje y el de su familia, ya se lo pensaría mucho para no cometer infracciones cuando le dieran el carnet a los dos años, si es que se lo daban...

No había distinciones entre ciudadanos de a pié, políticos del tres al cuarto o ricachones. El artículo que predicaba la igualdad de derechos se aplicaba a rajatabla en el Estado del ídem, teniendo la misma oportunidad de agarrarse a una pala un Primer Ministro que un paleto analfabeto.

Y, en este momento, a las 6 de la mañana, es cuando suena el despertador para levantarme e ir a ganar el pan con el sudor de la frente, de acuerdo con la maldición bíblica...


En mi libro BURRADAS EN CINEMASCOPE 2008            José María Vela Urrea
y para mi blog 

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