Estábamos
en Diciembre de 1.935 y, aromadas por el
olor de las castañas asadas que se vendían en muchas esquinas, se aproximaban
las fechas gloriosas de la
Navidad.
Hacía
frío, el frío de Murcia que unos días permitía tomar el sol con mucho agrado,
bien el poco que daba al atardecer en el jardín de Santa Isabel en cuya
proximidad vivía, o el más luminoso y duradero del Malecón; cierto es que los
días fresquitos obligaban a ponerse el abrigo, que me lo quitaba en cuanto
correteaba por alguno de estos dos lugares, pues la inquietud de la niñez es
bastante activa.
Hoy,
(1997) cuando ignoro qué es lo que se podrá comprar con cinco pesetas, (salvo
sellos de Correos, no sé qué podrá ser) recuerdo aquellas fechas entrañables en
que mi abuelo materno me regaló esa cantidad, pero en una moneda grande, pesada
y reluciente, UN DURO DE PLATA, un fortunón entonces para un niño, si se
compara, tanto en tamaño, valor y poder adquisitivo con las monedas actuales.
El
presupuesto semanal de un niño al principio de los años 30 era entre cinco
céntimos y un real, aunque esto último ya eran palabras mayores. Una
"perra" (cinco céntimos para quienes no hayan conocido aquellas
monedas de cobre) permitía comprar un rollico de panza y, otra más, una onza de
chocolate, es decir. la merienda; también se podían comprar por partes iguales
tramusos y avellanas, una patatica asada, un cucurucho de papel de estraza
repleto de chufas o unos "tacos" de regalicia.
Pues
bien, aparte de alguna calderilla ¡ tenía UN DURO ! (Para comparar: había
mensualidades de veinticinco duros -menos de lo que cuesta hoy un café, = 0'75
euro - habiéndolos en 1950 de 375,- pts. = 2'25 Euros.).
Quería
hacer un buen "belén" y me fui a la Plaza de Santa Catalina, que era el sitio donde
todos los días colocaban sus puestos los vendedores de figuritas del artesanal
y típico "belén murciano", con su Niño Jesús sobre amarilla paja (el
"huevo frito" que le llaman los fabricantes), la huida a Egipto, la
llegada a la posada, el anuncio del Angel a los pastores, el Palacio de
Herodes, los Reyes Magos sobre briosos corceles y sus criados con los camellos,
San José carpintero, la mujer cociendo pan en su horno moruno, el vendedor de
melones con su peso, la vieja hilando su copo de lana, el molinero cargando su
caballería, pastores, borregos, pollos, pavos...
Eran
tantas las figuras que había, y que yo quería comprar, que volví loco al
vendedor haciendo mil combinaciones para sacarle el mayor partido posible a mi
tesoro. Al final -y todavía no lo sabía- como "buen caballero en don dinero", cuando saqué la mano del
bolsillo de mi abrigo, donde mantenía apretada la valiosa moneda, y la mostré,
brillante y hermosa, cayeron todas las murallas y volví a mi casa con una gran
caja llena de figuras con las que pude montar, utilizando papel de embalaje
arrugado, encima de algunas cajas vacías colocadas sobre la mesa camilla, un
monumental belén, iluminado por el "flexo" que me prestó mi padre,
sobre el que brillaba una gran estrella con rabo hecha con papel de plata...
JOSE MARIA VELA URREA
[*] Un duro eran cinco pesetas, o 20 reales =
0'03 Euro.
Un real = 0'25 ptas., y 5 céntimos de peseta,
son cantidades ínfimas, sin equivalencia actual alguna en Euros.
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