En la madrugada de
hoy he escuchado un programa de Radio Nacional de España entrevistando a un
alto funcionario de AENA sobre los controles de seguridad en los aeropuertos.
Este buen señor ha utilizado un lenguaje casi de un político, citando
protocolos, fechas, reuniones mensuales, instrucciones dadas al persona de las
Fuerzas Armadas y de la Seguridad Privada ,
pero sin especificar nada que pudiese interesar a los oyentes, al no tener,
supongo, facilidad para enfrentarse a un micrófono y hablando como muchos
políticos sin decir nada. Después, en el turno de los oyentes ha habido otro
que no ha sabido explicar lo que le ocurrió en un aeropuerto de los Estados
Unidos, aunque se ha dado el gusto de que lo escuche media España. Uno de los
participantes, de Canarias concretamente, ha preguntado por qué no se permite
el embarque de un producto embotellado canario que lleva un viajero y en cambio
se autoriza el embarque en avión de otro exactamente igual adquirido en la tienda
del aeropuerto, encontrando la sola explicación de que por el adquirido allí
cobran el doble que en la calle.
Sobre seguridad en
los aeropuertos, aparte de las medidas corrientes de chequeo por arcos de
seguridad y pase de los equipajes por otros aparatos de control, me ocurrió, en
un viaje que relato seguidamente, que al ir a embarcar en Munich, en el último
control me hicieron disparase al suelo mi cámara Zeiss Ikon donde llevaba fotos
hechas en ese país. Antes de mi salida de la ciudad hanseática se había
inaugurado el puente sobre el río Elba comunicando las autopistas con las del
Norte del país , y se proyectada en los cines la película “Das boot”´ (El
submarino).
Emprendí viaje en
Hamburg con billete adquirido en las oficinas de Lutfhansa de dicha ciudad para
ir desde allí hasta Munich y tomar un vuelo semanal hasta Alicante.
Después de haber
salido de Hamburg observé que el Sol entraba unas veces por un lado del avión y
otras por el contrario lo que interpreté como estábamos dando vueltas, cosa que
comprobé cuando aterrizamos en el de Kol-Bonn. Allí vinieron unos hombres con
una escalera, golpearon bajo un ala, subieron unos pasajeros y emprendimos
vuelo otra vez. Por aquella parada imprevista, cuando llegamos a Munich el
avión que yo debía tomar para continuar hacia Alicante ya había salido. Allí lo
único que me ofrecieron fue que adquiriese billete para un vuelo hacia Madrid de próxima salida que, como no tenía
dinero pagué con mi tarjeta de crédito. En Madrid nos dieron de cenar pues
hasta la madrugada no había otro vuelo hacia Alicante. Tuve la suerte de hallar
a un amigo en la sala de espera quien me dijo tenía su coche en Alicante y me
llevaría a Murcia.
Mi equipaje,
facturado en Hamburg llegó una semana después a Alicante y lo trajeron a Murcia seguidamente. Escribí a las Oficinas
de Lufthansa en Madrid dando datos del
avión que me llevó a Munich y demás del caso explicando lo sucedido, y solicitando la devolución de lo pagado por el
trayecto Munich-Alicante que lo había debido hacer por otra ruta y pagado
aparte; respondieron con toda
desfachatez que no había ocurrido nada de lo que yo decía. Así las cosas ¿cómo
se puede explicar tuviese en mi máquina una foto del Aeropuerto de Kol-Bonn,
que hice allí, y después la del suelo en Munich?
Al ser las cosas
así, y negar la verdad, disminuyó grandemente mi creencia en la formalidad y
exactitud germana y, por descontado, habiendo viajado por media Europa y hasta
las Azores, no he vuelto a volar con
dicha Compañía ya que no actuaron con seriedad y honradamente.
Murcia,
27 de Febrero de 2014 José María Vela Urrea
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