martes, 6 de agosto de 2013

Vietnam - Texto

VIAJE A VIETNAM EN FEBRERO DE 2013

En Hanoi, como en muchas poblaciones de Vietnam, impera la moto como vehículo popular pues circulan en cantidades inconmensurables, parecen como un enjambre, y en una ciudad con pocos semáforos circulan bastante bien, como se puede ver en la Plaza de Tahi To. Cosa corriente y normal es que algunas llevan cuatro ocupantes, las lavan junto a cualquier cauce de agua y sirven hasta para dormir la siesta. En esta ciudad quedan muchos edificios de la época en que Indochina era una colonia francesa. Los rótulos están en caracteres latinos con unos peculiares acentos, algunos en ingles. La Catedral de San José es de estilo neogótico con algunos detalles franceses.

El Templo de la Literatura, la Universidad para los hijos de los Mandarines, remata su cubierta con la clásica curvatura china en las esquinas de su cubierta. El mausoleo a Ho Chin Min preside una gran plaza con muchas banderas rojas y poco jardín. Su casa está conservada como un museo.  En cambio, el antiguo Palacio del Gobernador General de Indochina es de claro estilo francés y está rodeado de espléndidos jardines. Una de las atracciones turísticas de la ciudad es la de darse un paso por su calles a bordo de un triciclo, una butaca con ruedas, matriculada y tripulada por el que le da a los pedales. Algunas calles tienen una divisoria central de barandilla para separar el tráfico en dos direcciones.

La bahía de Along es otro atractivo turístico al efectuar un crucero por entre gran número altos islotes en navíos que son hoteles flotantes siendo curiosa la visita a la cueva de Tien Ong para admirar sus iluminadas estalactitas que reflejan el verdor de las aguas desde las rocas marinas hasta su blanca altura. En algunos de estos islotes existen aldeas de pescadores con casa flotantes sobre bidones o en las propias embarcaciones.

En Hue existe una pagoda típicamente china, la de Thien Mu, templo que tiene un curioso y muy florido altar principal, con una escuela especial para formación de monjes, entre amplios jardines. Aquí está la ciudadela que albergaba en su interior la Ciudad Imperial, con un gran espacio destinado a la Sala del Trono y también el túmulo real de Minh Mang hecho con piedra blanca,  todo muy bien conservado. En el mercado de Dong Ba hay un gran surtido de productos de todas clases: dulces, abanicos, ropa,
paraguas y comestibles; es como un supermercado, cubierto y al aire libre.

En Hoi An existe una cueva de mármol con una gigantesca estatua de Buda, de pié, bendiciendo con la mano izquierda. También una curiosa puerta cubierta japonesa y el Altar de la Diosa del Mar con escritos de caracteres asiáticos con unas curiosas espirales de alambre para colgar expresando un deseo escrito.

Es típico, en Buon Ma Thuat darse un paseo turístico sobre un elefante por entre campos plantados de arroz y visitar su típico mercado al aire libre  donde se vende de
todo, pescado, verduras, frutas, el cual se puede recorrer a bordo de la moto familiar.

Ho-Chi-Min, antes Saigón tiene, entre otos edificios importantes, la Catedral de Notre Dame, de estilo neo-gótico, y otros de la época francesa, tales como la Central de Correos, edificio diseñado por Gustav Eiffel,  el Ayuntamiento, la Ópera, el Palacio de la Independencia y el edificio más alto de la ciudad, dotado con un helipuerto casi en su cumbre, colgando sobre el vacío.

Cuando se realiza un crucero por el caudaloso rio Mekong se encuentra uno con una cosa inesperada. Las calles de Cai Be tienen un compacto tráfico de motos y el transporte fluvial con muy variadas mercancías, entre ellos el de tierra para una fábrica de bloques sita en una orilla y,  ante la fachada principal del templo de la religión Cao Dai, cuyo altar principal está presidido por un cuadro con un ojo, se halla una alta columna con sus cuatro caras cuajadas de cruces gamadas y lo único que cabe pensar es que por aquí llegó algún fanático nazi. Un barco para este crucero es como un hotel flotante y sus orillas están ocupadas por casas y sus mercados situados en el río. La parada en Duong Dong permite disfrutar de sus jardines y playa de fina y limpia arena, equipada para los turistas, así como su curiosa manera de realizar la pesca de peces pequeños con unas redes especiales.

Estas son, a grandes rasgos, muchas de las cosas que se pueden admirar en un país que, después de la época  colonial francesa, y conservando muchas de sus costumbres, empieza a situarse en el ámbito mundial, pues ya se ha abierto al turismo.