Este título podría ser el de una película de
actualidad, aplicable a cualquier pedazo de una Nación donde hubiese una parte
de la misma en la cual, algunos descerebrados, quisieran que el territorio
donde ellos residían e intentaban gobernar totalmente, en su
afán de absolutismo independentista, obtuviese
la segregación del resto del País para
vivir ellos a su aire y medro dictatorial, sojuzgando a los habitantes del mismo.
Bien saben, aunque no lo dicen, que si
consiguieran realizar su propósito, de una riqueza relativa, en las
circunstancias actuales, pasarían a
“gozar” de una soledad total al tiempo que incrementaban la pobreza del Pueblo cuando
no el exilio, de la mayoría.
El Gobierno de la Nación de la que intentaban
segregarse adoptaría las medidas que considerase necesarias para mantener un
status adecuado con dicho territorio. Lo primero que haría, en un orden no
señalado, sería establecer unas fronteras férreas para que no entrase ni
saliese nadie ni nada, un bloqueo naval
de puertos y un traslado de aviones, al tiempo que evacuaba todo el material
rodante ferroviario para dejarle incomunicado, junto con toda la maquinaria de obras
públicas, todo ello bajo custodia militar, mientras otras fuerzas de seguridad
del Estado escoltaría todo el efectivo que hubiese en el Banco nacional así
como el de las entidades bancarias cuyas centrales radicasen en cualquier otra
capital del territorio bajo su jurisdicción.
También invalidaría todos los documentos de
identidad de los nacidos en aquel territorio, así como los pasaportes que
tuviesen los mismos, con lo cual algunos no podrían viajar a los paraísos
fiscales donde han “emigrado” la mayoría de sus capitales dinerarios, reunidos
en épocas anteriores de forma poco ortodoxa.
Únase a ello, con el añadido de algunas otras
cosas que se podrían hacer, el corte de los
lazos comerciales con los que radicasen en
este territorio al que no se le exportaría nada, por lo cual quedarían aislados
y pendientes de sus propios recursos internos.
Piensen que allí la vida ya no sería de color
de rosa y los independentistas no sería muy apreciados desde el momento en que
la población era sometida a la incomunicación y el umbral de pobreza se situaba
mucho más próximo.
No creo que, a la vista de este anticipo de
situación, quienes piensen que eso les puede pasar a ellos, tengan el menor
deseo de que suceda todo eso como mínimo.
Y colorín, colorado, este cuento, que puede hacerse
realidad, se ha acabado.
Ahora solo falta que alguien realice esa película, la exhiba en los cines de ese
territorio, que el Pueblo se aplique el cuento, y actúe contra quienes,
desprovistos de un ideal patrio (sólo tienen el suyo de ambición de mando y
lucro particular) le han situado junto
a un precipicio en el que, como caigan, sus
mandamases se fugarían bien lejos (si podían), a disfrutar de los caudales que
han acumulado durante sus actuaciones.
Murcia, 25 Abril 2013 José María Vela Urrea