LA RIQUEZA DEL IDIOMA CASTELLANO
Esto es una cosa que está fuera de toda discusión pues, aparte de utilizarse por más de cuatrocientos millones de personas, he oído la noticia de que, después del ingles, el nuestro es el segundo más utilizado en transacciones comerciales, muy alejado del de otras naciones que nos superan en número de habitantes, tales como –en orden descendente- China, India, Rusia, Alemania y Francia, por citar algunas.
Sentado esto veamos, como ejemplo, las calificaciones que tiene uno de los hechos más corrientes en todo el planeta y su calificación por otros según quien lo haya realizado.
Al que, por ejemplo, movido por la necesidad, salta una tapia, entra en un gallinero y mete en un saco a una cuantos ejemplares de los que allí habitan, recibe el nombre muy gráfico por cierto, de “ladrón de gallinas” y, si lo capturan se le “cae el pelo” pues le echan una condena de las de no te menees. Unos treinta añitos, por ejemplo.
Al que entra en una entidad bancaria, pongamos por caso con un trabuco o cualquier otra arma, solicitando le entreguen todo el dinero, lo califican como “ladrón de bancos”.
Si en vez de un Banco es, como vemos en muchas películas del Oeste, asalta un tren para llevarse el dinero de los giros postales, o el oro del Gobierno, según cada caso, recibe el apelativo de “salteador de trenes”.
En cambio si es un empleado de Banco o de una empresa privada, sin precisar cargo, el que desaparece un buen día rumbo a un lejano País, habiendo limpiado la caja, a ese se la llama “desfalcador”
Y al que se gasta el dinero de los demás para su disfrute particular ¿Cómo lo llamamos?
En todo los casos, para los que acompañan en el hecho delictivo, le ayudan o encubren,
también existen en nuestro rico idioma una multitud de calificativos, de los que aquí van unos cuantos sinónimos, para aplicar según los casos: coautor, cómplice, secuaz, sicario, colaborador, ayudante, adjunto, agregado, seguidor, esbirro, nombres que pueden aplicarse en casos de más de un participante, así como el de encubridor, alcahuete, pantalla y tapadera para los caso de los que ayudan a que la calificación no sea muy grave por diversos motivos que le unan al autor o autores de los hechos tales como familiaridad, compañerismo, amistad, o participante en el reparto.
En todos los casos, el resultado final es el mismo: estos hechos no los practican las
personas honradas y decentes; solo los sinvergüenzas.
Y así va el País. Los granujas no son castigados. Se acogen a cualquier privilegio legal que los ampare. Utilizan en beneficio propio, o se quedan, lo que no es suyo. Se van, como vulgarmente se dice “de rositas”. A sus hecho delictivos, la mayoría de las veces se les echa encima un espeso manto; se arrumba el caso para que prescriba... y mientras el Pueblo, bien sea ciudadano o empresario, es el que paga.
¡Estamos arreglados con lo que nos ha caído en España!.
Murcia, Mayo de 2.012 José María Vela Urrea
Murcia, Mayo de 2.012 José María Vela Urrea