En este mundo convulso hay lugares donde algunos desquiciados exaltados egoístas, al tiempo de enriquecerse, imponen a los demás cosas que no practican ellos y, en su demencial afán de poder, propugnan la independencia de la zona o región donde residen para separarla del resto del territorio nacional del que siempre han formado parte.
Contra ellos y sus partidarios hay un medio infalible y drástico a tomar por el Gobierno de la totalidad de la Nación: aislarles totalmente de todas las formas posibles.
Se empieza por expulsar del resto de territorio nacional, sin derecho a indemnización alguna, a las entidades bancarias o mercantiles, no permitiendo llevarse a su “territorio” nada más que lo que trajeron al principal, con devolución íntegra de todos los caudales recibidos, incrementados con los intereses legales hasta el último día y retirando la moneda que hasta entonces circulase por aquel territorio. Se continua con el cierre total de “fronteras”, impidiendo que nadie entre allí, salvo a los nacidos en el segregacionista que así lo desearan, permitiendo salir a los que emigraron al citado que no hubiesen nacido en el mismo. También a cualquier industrial que, al ver lo que se avecinaba, deseara trasladar por siempre su empresa o fábrica a zonas deprimidas del principal territorio nacional, mediante compromiso escrito irrevocable.
Bloqueo naval de costas y puertos, corte de todas las comunicaciones: eléctricas, correo, comerciales, telegráficas, telefónicas, u otro tipo, por carretera, aéreas, ferroviarias y marítimas, abandonándoles a sus propios medios sin comprarles ni venderles nada, para convertirla en un gheto aislado. Acuerdos con otras naciones, en el caso de que el territorio que deseaba segregarse lindase con algún otro país, tanto para un cierre hermético de fronteras como para su no reconocimiento y establecimiento de cualquier relación, del tipo que fuese, con el separatista.
Otra de las cuestiones para propiciar el aislamiento que desean algunos es la retirada total de todas las fuerzas de Seguridad del Estado, así como los Ejércitos con todo su armamento, equipos, medios y archivos con exclusión y cese voluntario de los que, habiendo nacido allí, expresaran su deseo de quedarse en su tierra natal, con pérdida de cualquier derecho adquirido cuando formaban parte del territorio principal.
Así se complacería de forma total el ansia independentista de algunos nacionalistas furibundos, dejándoles en el mayor aislamiento y soledad, los cuales durarían muy poco tiempo en el poder local cuando percibiesen sus “nacionales” la ruina en que les habían sumido y desearan volver por todos los medios a formar parte y a la protección del gobierno de la Nación. Cuando notasen que no podían subsistir solos y que formaban parte de una Nación que les había acogido desde siempre en su seno, tanto en lo personal como en lo comercial, que respetaba todas sus costumbres y tradiciones, inclusive -si existía- hasta la lingüística, admitirían que en vez de ser “cabeza de león” en la mayor de las miserias, les convenía más ser “cola de ratón” y gozar de los bienes y de la forma de vida en plena libertad, igual a la de sus congéneres nacionales.
Esto es un “aviso para navegantes”, del cual deben tomar buena nota los que se convierten en sátrapas al desear manejar a su antojo un territorio.
Murcia, Septiembre 2011 José María Vela Urrea.
Contra ellos y sus partidarios hay un medio infalible y drástico a tomar por el Gobierno de la totalidad de la Nación: aislarles totalmente de todas las formas posibles.
Se empieza por expulsar del resto de territorio nacional, sin derecho a indemnización alguna, a las entidades bancarias o mercantiles, no permitiendo llevarse a su “territorio” nada más que lo que trajeron al principal, con devolución íntegra de todos los caudales recibidos, incrementados con los intereses legales hasta el último día y retirando la moneda que hasta entonces circulase por aquel territorio. Se continua con el cierre total de “fronteras”, impidiendo que nadie entre allí, salvo a los nacidos en el segregacionista que así lo desearan, permitiendo salir a los que emigraron al citado que no hubiesen nacido en el mismo. También a cualquier industrial que, al ver lo que se avecinaba, deseara trasladar por siempre su empresa o fábrica a zonas deprimidas del principal territorio nacional, mediante compromiso escrito irrevocable.
Bloqueo naval de costas y puertos, corte de todas las comunicaciones: eléctricas, correo, comerciales, telegráficas, telefónicas, u otro tipo, por carretera, aéreas, ferroviarias y marítimas, abandonándoles a sus propios medios sin comprarles ni venderles nada, para convertirla en un gheto aislado. Acuerdos con otras naciones, en el caso de que el territorio que deseaba segregarse lindase con algún otro país, tanto para un cierre hermético de fronteras como para su no reconocimiento y establecimiento de cualquier relación, del tipo que fuese, con el separatista.
Otra de las cuestiones para propiciar el aislamiento que desean algunos es la retirada total de todas las fuerzas de Seguridad del Estado, así como los Ejércitos con todo su armamento, equipos, medios y archivos con exclusión y cese voluntario de los que, habiendo nacido allí, expresaran su deseo de quedarse en su tierra natal, con pérdida de cualquier derecho adquirido cuando formaban parte del territorio principal.
Así se complacería de forma total el ansia independentista de algunos nacionalistas furibundos, dejándoles en el mayor aislamiento y soledad, los cuales durarían muy poco tiempo en el poder local cuando percibiesen sus “nacionales” la ruina en que les habían sumido y desearan volver por todos los medios a formar parte y a la protección del gobierno de la Nación. Cuando notasen que no podían subsistir solos y que formaban parte de una Nación que les había acogido desde siempre en su seno, tanto en lo personal como en lo comercial, que respetaba todas sus costumbres y tradiciones, inclusive -si existía- hasta la lingüística, admitirían que en vez de ser “cabeza de león” en la mayor de las miserias, les convenía más ser “cola de ratón” y gozar de los bienes y de la forma de vida en plena libertad, igual a la de sus congéneres nacionales.
Esto es un “aviso para navegantes”, del cual deben tomar buena nota los que se convierten en sátrapas al desear manejar a su antojo un territorio.
Murcia, Septiembre 2011 José María Vela Urrea.
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