La fecha señalada era el 28 de Mayo 2011; el campo donde debía jugarse el nuevo estadio de Wembley, en Londres, Inglaterra, terreno afecto al otro equipo el Manchester Unaited, comandado por el veterano entrenador Ferguson..
Unos día antes, el 21, el volcán islander Grimsvötn entró en erupción y, con gran estruendo, empezó a lanzar al aire más de 10.000 toneladas por segundo de polvo que
casi sepultaron el pueblecito de Kirkjubaejarklaustur y alteraron el tráfico aéreo, lo cual motivó la cancelación de cientos de vuelos y obligó al “Barsa” a desplazarse a Londres con antelación por el riesgo de no poder presentarse en su momento en el terreno de juego. Una disminución de su actividad, al emitir solo un poco de humo y unos vientos dominantes hacia el Norte de Europa alejaron el peligro de momento.
Este sábado, con el estadio de Wembley a rebosar, se jugó un partido vibrante entre dos equipos que pugnaban por obtener el trofeo, merecido por ganar los partidos de esta eliminatoria. Y no defraudaron en un encuentro jugado a muy alto ritmo, dirigido por un colegiado húngaro que toleró muchas infracciones del jugador Valencia, hasta que le sacó cartulina amarilla en la 2ª parte, que acabó empatados la primera mitad, por los goles de Pedro y Rooney pero que, en la segunda, al imponer el equipo blaugrana su estilo de juego, el Manchester sabía que el balón estaba en el campo (una vez dos), pero no lo tenía en su poder para poderlo jugar a su estilo de pases largos y rapidez de sus puntas, dándoles la puntilla los goles de Messí y de Villa, segundo y tercero del Barsa
y pudo llegar un cuarto por una vaselina de Leo Messi que pasó por encima del larguero británico, acabando el encuentro con el resultado de 3 a 1 a favorable al equipo catalán.
Y aquí es donde viene, para mí el mejor momento, después de haber gozado con este partido. El gesto del capitán Carlos Pujol colocando el brazalete a su compañero Eric Amibal, que ha pasado una temporada muy mala debido a una terrible enfermedad, para que tuviese el honor de recibir la Copa de la Champion, la cuarta que gana el “Barsa”, demuestra el señorío de unas personas que se comportan como debe ser en los momentos precisos; son compañeros de equipo, se aprecian, no existen diferencias de razas ni colores cuando son deportistas de verdad y ese acto tan sencillo encierra una gran verdad que debería producirse con más frecuencia, no solo en los terrenos de juego, sino en la vida cotidiana.
La natural y larga celebración sobre el césped inglés, especialmente ante la gran cantidad de seguidores del equipo catalán, unos 24.000 es, después de eso, un suceso de segunda categoría. Pasear la copa y cortar hasta la red de una portería para traérsela como recuerdo, ha quedado inmortalizada por las cámaras de las televisiones y de los fotógrafos acreditado para este importante evento.
Si se obrase así con más frecuencia seríamos mejores y se viviría de otra manera sin tanto mezquino interés que domina la vida de muchos.
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