viernes, 11 de noviembre de 2016

EL TEATRO DEL MUNDO



2016-07-03          EL TEATRO DEL MUNDO

Me asombra  cuando aparecen  en los medios de comunicación  personajes de distintos rangos que leen  papeles de efímera vigencia,  donde  otros -asesores o, secretarios-    han escrito  cosas que ni el más iluso puede creerse las vayan a realizar, tendentes a solucionar algunos de los males que aquejan a este Mundo, especialmente en la escala social. 

Hablan de ayudar a los refugiados que huyen de territorios asolados por  las guerras, de disminuir la pobreza, de activar la educación de menores, de ayudar a los que la falta de trabajo les impide realizar los pagos de la hipoteca de su vivienda, de la cual son desahuciados, del hambre de los que carecen de los más elementales recursos  y buscan algo en los contenedores de basura y  de unos cuantos más de los  diversos males que, actualmente (y posiblemente durante muchos años) afligen a  la Humanidad, que los entendidos cifran en millones.

En relación con los que llegan como refugiados, procedentes de diversos y alejados países, con idiomas distintos, otras costumbres y religiones así como –muchos- carentes de algún oficio para ejercer aquí, donde el paro llega a cifras con seis ceros, no encuentro una explicación lógica de cómo van a poderse integrar en nuestra sociedad, ya que no creo sea posible les  faciliten un trabajo cuando hay colas de nuestros nacionales en las Oficinas de Empleo y emigran los jóvenes con carreras que no pueden ejercer aquí.

Tampoco creo que el Gobierno vaya a cargar al Erario Público su estancia y mantenimiento  dado la delicada situación financiera actual, siendo la única solución la de acogida por entidades privadas.
Es un problema peliagudo y de difícil solución pues por un lado está el humanitario de prestar ayuda al necesitado, cosa que parece ser piensa realizar Europa con los que consiguen llegar a sus costas desde países en guerra como Libia y otros asiáticos  -un gran negocio de las mafias locales que adquieren naves inflables sin importarles las víctimas y peligros de esas arriesgadas travesías- así como otros procedentes de más alejados países que huyen de la miseria reinante en ellos.
No es un egoísmo nacional, pero creo que lo lógico es intentar solucionar nuestros problemas y, después, los de los demás.

Murcia, 3 de Julio de 2016              José María Vela Urrea 

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