miércoles, 23 de noviembre de 2016

ECONOMÍA



2016-07-21                             ECONOMÍA

Tengo 89 años. La sublevación militar de Julio de 1936 impidió que en Septiembre fuese al Instituto pues decían mis profesores que valía para estudiar. Mi padre, postrado en cama desde Enero de 1937 falleció en Noviembre de 1939 y debí abandonar la escuela para trabajar en lo que salía. Carezco, por tanto, de estudios superiores y lo poco que sé lo he aprendido estudiando por mi cuenta, leyendo y trabajando mucho -hasta llegar a  Delineante Proyectista  colaborando con ingenieros y Arquitectos-  Sufrí todas las calamidades de la guerra y la postguerra y trabajé en el pluriempleo de la época hasta 18 horas diarias en tres sitios distintos siendo mi último empleo  en una empresa constructora  durante 23 años.

Una de las cosas que aprendí es que “no se puede gastar más de lo que se gana” y, por ello, tuve que adaptar mi modesta economía a esa premisa, razón por la que no comprendo cómo , actualmente, con el paro que hay, la falta de empleos para trabajar y producir  bienes, el aumento de pobreza que sufre el País, así como la cantidad de delitos que se  originan, con un juventud que, en su mayor parte, solo se preocupan de pasarlo lo mejor posible y, gastando un dinero que no han ganado, viajan a sitios alejados donde se celebran, durante unos días, festivales y actuaciones de sus efímero ídolos que, por otro lado y en mi humilde opinión, no dicen nada nuevo entre contorsiones con un micro y algún elemento musical al tiempo que “cantan” en un “inglés” que nos invade, algo alejado del de  Escocia.

El mismo pensamiento  (“no se puede gastar más de lo que se gana”), en este caso “ingresa o recauda”, es aplicable, según mi opinión, a los Gobiernos de diversas categorías y latitudes distintas que, en vez de economizar e invertir en cosas o trabajos para mejorar  un incierto futuro, gastan grandes cantidades, que no tienen, para la realización de cosas absurdas o no bien estudiadas donde se diluyen cantidades que se adeudan y que conducen a un empeoramiento discutiendo “si eran churras o merinas” y pasa un tiempo precioso mientras algunos,  que cobran grandes  emolumentos en los elevados cargos que ostentan, hablan mucho sin decir nada en una jerga ininteligible propia de una decadente burocracia.              

 No entiendo de Economía más que lo dicho, creyendo es lo suficiente para poder decir que, obrando así, esto no tiene arreglo.      
                     
Murcia, 21 de Julio de 2016                                     José María Vela Urrea

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