2016-07-21 ECONOMÍA
Tengo 89 años. La
sublevación militar de Julio de 1936 impidió que en Septiembre fuese al
Instituto pues decían mis profesores que valía para estudiar. Mi padre,
postrado en cama desde Enero de 1937 falleció en Noviembre de 1939 y debí
abandonar la escuela para trabajar en lo que salía. Carezco, por tanto, de
estudios superiores y lo poco que sé lo he aprendido estudiando por mi cuenta,
leyendo y trabajando mucho -hasta llegar a
Delineante Proyectista
colaborando con ingenieros y Arquitectos- Sufrí todas las calamidades de la guerra y la
postguerra y trabajé en el pluriempleo de la época hasta 18 horas diarias en
tres sitios distintos siendo mi último empleo
en una empresa constructora
durante 23 años.
Una de las cosas que
aprendí es que “no se puede gastar más
de lo que se gana” y, por ello, tuve que adaptar mi modesta economía a esa
premisa, razón por la que no comprendo cómo , actualmente, con el paro que hay,
la falta de empleos para trabajar y producir
bienes, el aumento de pobreza que sufre el País, así como la cantidad de
delitos que se originan, con un juventud
que, en su mayor parte, solo se preocupan de pasarlo lo mejor posible y,
gastando un dinero que no han ganado, viajan a sitios alejados donde se
celebran, durante unos días, festivales y actuaciones de sus efímero ídolos
que, por otro lado y en mi humilde opinión, no dicen nada nuevo entre
contorsiones con un micro y algún elemento musical al tiempo que “cantan” en un
“inglés” que nos invade, algo alejado del de
Escocia.
El mismo pensamiento (“no
se puede gastar más de lo que se gana”), en este caso “ingresa o recauda”, es aplicable, según mi opinión, a los
Gobiernos de diversas categorías y latitudes distintas que, en vez de
economizar e invertir en cosas o trabajos para mejorar un incierto futuro, gastan grandes
cantidades, que no tienen, para la realización de cosas absurdas o no bien
estudiadas donde se diluyen cantidades que se adeudan y que conducen a un
empeoramiento discutiendo “si eran churras o merinas” y pasa un tiempo precioso
mientras algunos, que cobran
grandes emolumentos en los elevados
cargos que ostentan, hablan mucho sin decir nada en una jerga ininteligible
propia de una decadente burocracia.
No entiendo de Economía más que lo dicho, creyendo es lo suficiente para
poder decir que, obrando así, esto no
tiene arreglo.
Murcia, 21 de Julio de
2016 José María Vela Urrea
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