miércoles, 2 de noviembre de 2016
EVOLUCION DEL FOOT-BALL
2016-03-28 EVOLUCION DEL FOOT-BALL
Bendición de la bandera del REAL MURCIA F.C. 11-9-1925
Desde niño he sido aficionado a este deporte, pues mi Padre que era socio del Murcia me llevaba a ver los partidos desde un palco al pié de la grada, junto al terreno de juego, en la hoy abandonada Condomina.
Tengo muchos recuerdos en mi memoria desde aquellos lejanos tiempos, años 1933 a 1936 donde mi afición al dibujo me hizo copiar del BLANCO Y NEGRO muchas de las caricaturas de los futbolistas de entonces llegando hasta dibujar de memoria en la pizarra del colegio la de uno de equipo norteño llamado Elícegui. Hice una del portero del Barcelona y de la Selección Nacional, José Nogués que se la envié y él correspondió mandándome una foto suya, dedicada de su puño y letra, que todavía conservo.
Recuerdo perfectamente cómo era ese campo que tenía su entrada principal por la Ronda de Garay, como hoy, y una salida por una estrecha puerta del lado Norte por donde, saltando sobre una regadera, se pasaba a un solar lleno de escombros en el que se estacionaban coches y autobuses cuando había partido, por el cual se pasaba a la Puerta de Orihuela, sitio donde, en la guerra, se construyó un taller para hacer y poner carrocería a vehículos en chasis que compraba el Gobierno; después fue almacén de la Comisaria de Abastecimiento y finalizó siendo el taller de carrozas para fiestas de González Conte, ya desaparecido.
Al entrar al campo, después de pasar la verja, a la derecha, estaba la vivienda del encargado del mismo y una pista de tenis; por el lindero a la plaza de Toros, paso por medio de la única grada que existía, había una fila de eucaliptos y una alta tapia que lindaba con los corrales y patio de caballos de dicha Plaza, en cuyo final había el portillo de una regadera por la que entraba agua para regar el campo.
Esa grada, que carecía de cubierta, tenía dos accesos al terreno de juego; en el primero, frente a la entrada antes citada se encontraban las casetas de los equipos, a la izquierda la del local y a la derecha la de los visitantes; más allá bajo esa grada, estaba la enfermería y cuarto de material y, en la otra bocana, la caseta de los colegiados y otra para guardar útiles. Dando vista al campo tenía en primera línea junto al terreno de juego una fila de palcos con separaciones de madera con unas sillas plegables; tras ella
un paso para subir a los escalones de cemento donde se sentaban los espectadores. Unos vendedores de gaseosas y Coca-Cola, rodeadas de hielo las llevaban en barreños metálicos, mientras otros vendían bocadillos que llevaban en cestos de mimbre.
Entonces se utilizaban las palabra inglesas foot-ball (balçon al pié), goal (gol), faut (falta). off-side (fuera de juego). corner (saque de esquina) y penalty (para lanzamientos desde el punto fatídico, a once metros de la línea del portero), de las cuales solo han prevalecido las dos últimas. En tiempos de “pureza del castellano” se cambió por fútbol, o deporte rey.
Detrás de las puertas de acceso a general, había un gran quiosco donde servían refrescos y bebidas, en el cual comían los jugadores el día de partido. En los lados Norte, Este y Sur había unas elevaciones del terreno desde donde los espectadores de general veían los partidos de pié; después de la guerra hicieron algunos peldaños.
Las alineaciones de los equipos eran: portero, (también citados como guardameta o cancerbero) dos defensas, tres medios, en que el central era quien dirigía al equipo y cinco delanteros: extremo e interior izquierdo, delantero centro e interior y extremo derecho.
En aquellos tiempos los porteros llevaban jersey de cuello alto y una gorra (Izpizua, el del Deportivo Alavés, llevaba la clásica chapela vasca); todos, unas espinilleras bajo las medias, y botas de cuero duro con tacos del mismo material clavados a ellas. Y el elemento principal, el balón, lo era de cuero cerrándolo con una cinta del mismo material para impedir se saliera la bolsa de goma llena de aire con una bomba.
Ahora son muy diferentes , debido a las tácticas de juego, con un portero, dos defensas centrales y otros dos laterales, dos carrileros -izquierdo y derecho- que intercambian sus posiciones y otros algo más adelantados detrás del punta o falso 9, que llevan su nombre y un número. en la espalda de la camiseta, ya que en el pecho lucen alguna propaganda.
Las porterías eran de gruesos listones cuadrados de madera. Ahora son de tubos metálicos redondos, menos peligrosas. Y el marcador era una torreta donde se cambiaban a mano los tableros con un número desde el cero al nueve; cuando se pasaba del cual se empezaba a colocarlos otra vez. Hoy son electrónicos y con vistas televisivas
Entonces se jugaba siempre hacia la meta contraria y ahora muchas veces triangulando el juego o hacia atrás para conservar el balón, “durmiendo “ el partido y desesperando a quienes lo ven , en el campo o por televisión, ya que para marcar goles el balón debe ir hacia adelante.
Antes, aquí, se jugaba los domingos por la tarde (en Inglaterra era en los sábados, de ahí lo de “semana inglesa” festivo por las tardes), sin iluminación eléctrica; ahora se juegan a cualquier hora de cualquier día de la semana, cuando es festivo el sábado entero. Cuando se lesionaba algún jugador abandonaba el campo y no se sustituía a nadie quedando el equipo disminuido en número. No existían las tarjetas amarilla y roja y si el lesionado era portero, cambiaba su camiseta por la de otro compañero y a éste lo ponían en otro sitio del campo para que hiciera lo que pudiese.
El equipo arbitral, vestía chaqueta y pantalón corto negros, lo componía el referee (arbitro) y dos liniers (a jueces de línea, que corrían la banda). No había cuarto árbitro ni jueces de línea en las de portería. Al árbitro le decían “trencilla”, por las que adornaban las solapas de su chaqueta, y no se prolongaba el tiempo por ninguna interrupción, no pasando de 45 minutos en cada parte, con otros 15 para descanso. Hoy visten de colores, llevan un auricular y micrófono conectados con sus auxiliares, así como un spray para marcar líneas en el campo.
No existía el banquillo, solo unas sillas plegables de madera para el entrenador, el sanitario y el masajista que, cuando se lesionaba algún jugador entraba en el campo con una bolsa hecha con un trozo de cámara de goma, proveniente de las ruedas de algún automóvil, donde llevaba “el agua milagrosa” para atender al lesionado,
En los años de la década 1940 me “colaba” al campo saltando las tapias, alta al Norte, las otras más bajas o por el portillo por el cual se regaba el campo. Una de las veces que me “colé” con otro amigo nos ocultamos entre unas matas de tomateras que cultivaba el encargado del campo, tras la general del lado Este. Cuando la Guardia Civil, que entonces iba con capa, amplia cartera de cuero negro, el fusil Máuser y guantes de tela marrones, pasó la inspección de campo localizó a mi amigo, el cual comenzó a gritar “Pepe, que me han cogido”. Como a mí no me habían visto, salí enseguida de mi escondite para evitar me buscasen, saliendo los dos entre la pareja hasta la calle. Después me hice amigo de todos los jugadores y solo tenía que acercarme a los porteros diciendo el nombre de alguno para que saliese y me dejaran pasar.
En Murcia hubo otro campo de fútbol en el Barrio del Carmen, el de Zarandona donde el terreno de juego, con hierba muy frondosa, estaba separado del público por unos listones de madera hincados en el suelo unidos por arriba con otro listón para separar a los espectadores que presenciaban los partidos del “Imperial” de pié. Se accedía al mismo por una estrecha puerta entre dos casas que había al Oeste en la placeta lindante con el Paseo de Corvera ; por el Sur con los Talleres de la Fundición de Peña y con bancales por los otros dos lados; después de la guerra el campo era de tierra y allí jugué un partido entre mocetones. También jugué otros dos en el campo, de tierra, del Colegio de los Maristas en el Malecón, uno de ellos con un equipo multicolor pues cada uno llevábamos camisetas de diversos equipos, yo la del Murcia.
Los equipos del Norte venían a Murcia por ferrocarril, pasando por Madrid; los andaluces vía Alcázar de San Juan y los Valencia por la Encina y Chinchilla. Los trenes llevaban vagones de Iª con 6 plazas por departamento; los de IIª con y los de IIIª con diez, con asientos de madera. También había vagones de IIIª como un paso corrido al centro y asientos de madera laterales. El trayecto Murcia-Alicante Benalua, 75 Kms. se hacia en vagones cuyos departamentos abrían por los lados que, al no llevar pasillo lateral, el revisor debía circular sobre un estribo exterior de madera, agarrado a una barra metálica a todo lo largo del vagón. Los autobuses de entonces eran de 4 ruedas con asientos corridos y una puerta posterior; había otros con 6 ruedas, asientos corrido y puerta en el lado derecho adelante y atrás.
Ha pasado el tiempo en que los equipos se desplazaban en lujosos y cómodos autobuses, que ahora solo usan para ir al campo desde el hotel de concentración, ya que viajan en AVE o por avión. A propósito del avión, uno de hélice se estrelló cerca de Caserta, en el Sur de Italia, pereciendo toda la Selección nacional italiana.
Tengo, extraviada, una foto del primitivo estadio inglés de Wembley , el cual ha sido derribado hace poco tiempo, construyendo uno dotado de un mecanismo para cubrirlo, según el tiempo que haga, en el cual han instalado un sistema para elevar agua, desde unos grandes depósitos hasta los servicios sitos en todas las plantas del mismo.
Es mítico el gol que marcó Cilaurren en los Juegos Olímpicos de Amberes, en 1923, pues lanzó el balón con tal fuerza que rompió la red de la portería contraria y salió por detrás.
Todavía recuerdo los hombres de jugadores a los que he visto actuar:
De antes de la guerra civil española:
Del Murcia.- Trío defensivo: Elzo-Oro-Rivas, línea media: Muñoz-Palai-Griera- unos delanteros; Sornichero y Julio
Del Madrid el trío defensivo Zamora, Ciriaco y Quincoces, internacionales los tres. Ricardo Zamora invento “la zamorana” que consistía en despejar los balones con los codos. La afición temblaba cuando la veía ejecutar ya que podía ser gol.
Del Sevilla, su portero Guillermo Eizaguirre, internacional.
Del Barcelona, su portero, ya citado José Nogués, internacional.
Cuando después de la guerra vino el Barcelona a Murcia, me presenté en el desaparecido Hotel Victoria, en el que se alojaban los equipos pudientes y los toreros, con su foto en la mano y me fui con ekkos en el autobús hasta la Condomina, donde su equipo le ganó por 5 a 1 al Murcia.
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Después de la guerra. El Murcia.- Trío defensivo Suárez-Tamayo-Sierra; línea media Castro-Solé- Huete, cambiado algunas veces por Rancel o Mesa.. Delanteros hubo dos hermanos de Elche, Tito I y Tito II en los extremos y otro, Vega; tuvo un delantero centro, Alfonso; que en un choque con el portero del Zaragoza, Lerín (que después militó en el Murcia) sufrió la amputación de una pierna. También tuvo un portero llamado Enrique, que trabajaba en la Fundición de Rueda, próxima al paso a nivel del Camino del Palmar, que cobraba 125 pesetas (0,65 Euros) el domingo que actuaba ¡Igual que hoy!
Cuando el hoy Atlethic de Madrid se llamaba “de Aviación”, el trío defensivo era Tabales, Mesa, Aparicio y la delantera la formaba Manin- otro- Pruden- el canario Campos -ambos internacionales- y Arencibia.
Del Valencia: la “delantera eléctrica”, que ganó al Murcia por 5 a 1, formada por Epi-Amadeo-Mundo-Asensi y Gorostiza. Daba gozo ver correr a los extremos casi hasta el corner pisando la línea lateral de cal del campo con el balón controlado, atrayendo así a medio equipo rival, para central y que otro extremo u otro compañero marcase el gol. Casi todos eran internacionales. Lamentablemente, el Valencia actual es otra cosa.
Del Atlethic de Bilbao: Trío defensivo: Echevarria, Mieza, Oceja: y su delantera formada por Iriondo, Panizo, Zarra (el que marcó el histórico 1 a 0 a Inglaterra en el primitivo estadio de Maracaná de Rio de Janeiro), Gárate y Gainza; varios eran internacionales.
Del Español, de Barcelona: Su alto portero Trias y un delantero: Martínez Catalá.
Del Zaragoza: Su alto portero, Lerín, y Marcelino, que marcó de cabeza el gol de España a Rusia en Madrid que, en tiempos de Franco, por razones de apertura deportiva, no pudo impedir sonase el himno de la Rusia comunista en el Estadio Bernabeu, con gran alegría de muchos ciudadanos que anhelaban un cambio en el País.
Estos son, a grandes rasgos, algunas de las cosas que ya forman parte de la Historia, pues parte de la del Murcia la escribió el periodista Antonio Noguera y Lorenzo, que firmaba como ANYL las crónicas deportivas.
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Gran parte de lo anterior lo escribí en 2013 y ahora, en 2016, he visto por televisión a la Selección Juvenil, perder por 3-0 ante Croacia; a la Selección absoluta empatar 1-1 ante Italia en su campo y, unos días después, también empate 0-0 ante Bulgaria allí, con el clásico juego actual de triangular el balón jugando hacia atrás y sin rematar raso un balón, pues los tiros por alto van bien lejos, cuando, por casualidad se aproximaban a la meta contraria. En el partido de hoy, jugado en Murcia entre los Juveniles de España y Noruega, salvo el gol que le dio la victoria a nuestro País, ocurrió exactamente lo mismo: retención del balón, jugar hacia atrás para conservar el empate a cero y, si es posible marcar algún tanto como pasó.
Ignoro el porqué los “técnicos” imponen esa forma de jugar, que origina grandes sustos cuando algún rápido delantero contrario aprovecha cualquier fallo de los jugadores españoles y, apoderándose del balón, avanza hacia nuestra portería.
Por lo visto han olvidado que, para intentar ganar un partido, el balón debe ir hacia la portería contraria…
Murcia, 28 de Marzo de 2016 José María Vela Urrea
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