Cuando esta mañana
he utilizado algunos de los productos que forman parte de mi desayuno he tenido
la curiosidad de mirar sus envases y, al comenzar la lectura de una letras muy
pequeñas, para algunas de las cuales he utilizado una lupa, he podido comprobar
la cantidad de información que facilitan lo que compramos en los supermercados
como los tetra pak o envases de cartón que hace tiempo suplieron al mas pesado
y frágil vidrio, conteniendo alimentos tales como yogurt, leche y zumos.
En el primero de
los citados, que algunas veces tiene la densidad de una horchata -según marcas-
figura una analista de ingredientes, información nutricional con porcentajes de
valor energético, grasa, hidratos, fibra alimentaria, proteínas y sal, ignorando,
según marcas, quien lo ha fabricado pues solo figura el distribuidor,
domiciliado en un sitio donde creo hay pocas vacas.
Pasando al segundo,
la leche, una Universidad facilita la dosis diaria recomendada, desde 0 a 1600 mg. de las cualidades de unos productos tales como el
calcio, el fósforo, las vitaminas A - D - E y el ácido fólico, informando en otro lado de los 4 del envase de las
cantidades de los mismos en un vaso de 250 ml.; también de lo fácil que es
reciclar estos envases para diferentes usos y además de que el contenido es leche enriquecida con
calcio 100% natural procedente de la leche (es decir, que lleva más leche
todavía).
Y si se molesta en leer la literatura de otro
de zumos, se encuentra uno que tiene vitaminas A+C+E, de valor energético
reducido al agitar antes de servir, conservarlo en lugar fresco y seco, en el
frigorífico una vez abierto y consumirlo antes de 4 días, junto a otro rótulo
que informa de los ingredientes en un concentrado al 50%, lo cual entiendo que la
mitad es agua, que es lo más barato.
Al pasar a un
producto más sólido, las magdalenas, la información nutricional es también
bastante extensa, desglosada en Grasas, Hidratos de carbono y proteínas, en
palabras que la mayoría de los consumidores, desconocedores de la
Química que nunca llegamos a estudiar, ignoramos en
qué consisten.
He tenido la
curiosidad de explorar estos productos para evitar la pérdida de tiempo que
supone su lectura e informar brevemente a algunos de quienes se dignen leerme
de lo que muchos no leemos ya que, además, como el que suscribe, no tenemos ni
pajolera idea -en nuestra ignorancia- de los que son cada uno de sus
componentes, supongo que
insertos por
imperativo legal, para informarnos de cómo nos mantenemos vivos.
En “La verbena de la Paloma ” dijo D. Hilarión
(que era boticario en la época en que se usaba el mortero para hacer fórmulas
magistrales) “Hoy las ciencias
adelantan, que es una barbaridad” y, años después, esto sigue siendo una
realidad. En la generación de 1927,
a la que pertenezco, los productos alimenticios solo llevaban
rótulos del producto y de su fabricante: conservas de pescado del Norte, vinos
de Rioja y Jerez, leche condensada de Cataluña, aceite de Andalucía, naranjas
de Valencia y Murcia, nos tocó vivir la guerra, hambre, privaciones, trabajar
mucho y no creo sobrepasó 1,75
m . de altura. Hoy, por esos adelantos y el deporte que
se practica, se ha llegado a alturas superiores y a obtener el Campeonato del
Mundo de badminton...
Murcia, 1 de
Septiembre de 2014-09-01 José María
Vela Urrea
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