Ahora, el Martes 11
de Marzo de 2014, se ha cumplido el décimo aniversario de la tragedia que
conmovió a España aquel Viernes 11 de Marzo de 2004, días antes de las
elecciones generales, convocadas para el siguiente Domingo día 13.
Y, lamentablemente,
seguimos sin saber la VERDAD
de lo ocurrido y sin que los verdaderos culpables hayan sido juzgados, siendo
la única esperanza de que esto suceda en la fecha lejana, lejanísima según
supongo, cuando se celebre el Juicio Final
ante la Majestad
de Dios, confiando en que Éste ”juzgue a
vivos y muertos” .
Empiezo por
formular unas preguntas sobre las cuales carezco de respuesta:
¿Por qué, ante una
tragedia de tal magnitud, con más de 200 muertos e infinidad de heridos originados
por el criminal atentado de aquel Viernes 11 de Marzo de 2004, el entonces todavía
Presidente Sr. Aznar de un Gobierno que
tenía convocadas unas elecciones generales para el siguiente Domingo dia 13, por qué no proclamó el estado de
alarma del Artículo 116.2, o el de excepción del
116.3 de nuestra Constitución, suspendiendo, entre otras cosas, sine die, la
celebración de dichas elecciones?
Posiblemente nos hubiésemos enterado de la VERDAD de lo originado por
dicho acto
terrorista que, al parecer, no fue realizado por
ETA, conforme se apuntó en los primeros momentos, aunque después se encaminó
hacia otros y nebulosos derroteros.
Se empezó una “caza de brujas”, que siguió con la
voladura del piso de Leganés en el que murieron varias personas de otra
nacionalidad y un Policía español.
Suceso sobre el cual ya publiqué, como aficionado
que soy de las novelas de Agatha Christrie, la siguiente teoría: al sentirse
perseguidos por la Policía
un grupo de sospechosos se refugia en un piso de Leganés (cuando lo más fácil y
de sentido común es que cada uno hubiese huido por distintas direcciones); allí
tienen unos cuantos explosivos -no sé para qué, pues no los utilizaron al
sentirse cercados- cuando uno de ellos
dice que vá a salir para ver si encuentra por donde romper el cerco y fugarse;
lo creen sus compañeros y éste cruza el cordón policial, cosa rara pues, salvo
exista una orden de dejar pasar a alguien, ese cerco no debía haber tenido ninguna
fisura. Una vez lejos, hace lo más fácil del mundo: una llamada telefónica con
su móvil a otro que está en el citado piso conectado a los explosivos que, al
recibir la llamada, los hace estallar. Y sin que lo moleste nadie se va
tranquilamente hasta Barcelona y de allí a un lejano país.
Y ahora, otra pregunta en este caso pleno de cosas raras y, al
parecer, inexplicables :
¿Cómo los medios de comunicación pudieron decir
tiempo después que había fallecido el que salió del piso de Leganés?
Alguien debía de saber quien era este sujeto, donde
residía, lo que había hecho y de qué vivía, que filtró a los citados medios una noticia,
cierta o falsa, con la cual se cerraba así el paso a posibles nuevas
investigaciones
Si se hubiese proclamado el estado de alarma o el de
excepción, con la consiguiente
suspensión de las elecciones, posiblemente no hubiese ocurrido todo lo que hemos sufrido los españoles desde aquella noche de Marzo 2004 en la que
se presentó ante las cámaras televisivas un José Luis Rodríguez Zapatero
eufórico, sin sentir nada ante el reciente e
impresionante montón
de muertos y heridos generados por la catástrofe, invitando
alegremente ¡A
trabajar!, impasible ante esa tragedia,
pero con la satisfacción por el triunfo obtenido ¿Cómo pudo, tiempo después, ser recibido por Papa
en el Vaticano junto a su esposa?
España no habría pasado a estar bajo la égida de ZP
ni sufrido todo lo que ha ocurrido después donde, para mantener su autoridad y
ante un suceso de menor magnitud, la huelga de los controladores
aéreos, no dudó en aplicar el citado Artículo hasta
llegar a dejar al País en la situación en que se hallaba el 20 de Noviembre de
2011, con un paro laboral impresionante que en los momentos actuales, y
con la herencia de corrupción que tenemos, impide podamos siquiera vislumbrar cuando
llegaremos a un final estable.
También el magistrado Gómez Bermúdez (condecorado después ya que,
entre otras cosas, ordenó la destrucción de unos vagones de los trenes
siniestrados, de los que se hallaron algunos en una cochera sin haber ido hasta
el chatarrero), puede ser tenga su
parte en este caso pues el
juicio que realizó, con los debidos respetos por lo que conozco, fue una
pantomima para desviar la atención hacia otro sitio.
Habrá más personas vivas que, aplicando la máxima de Maquiavelo “el fin justifica los medios”, consiguieron
llevar al País y al Pueblo español, hasta la situación actual, que ignoramos
cuando tendrá fin, toda vez que la corrupción se ha adueñado de España, principalmente
en muy altas esferas, y como “poderoso caballero es Don Dinero...., esencialmente
si alguien realiza importantes ingresos en las cuentas numeradas que tienen en
paraísos fiscales determinadas personas.
Como ya deben suponer los lectores, una vez más nos quedaremos sin
saber la VERDAD
de este doloroso suceso, mientras los planeadores e instigadores del mismo
seguirán viviendo tan tranquilos, al igual que sucedió con otra fecha que
conocemos de la misma manera: el 23-F.
Puede que ambos sucesos y por su distancia temporal importen bien poco
a los españoles. Por el contrario, eso sí, tenemos la satisfacción de saber los
resultados definitivos de cada partido de fútbol tan pronto terminan.
Murcia, 11 de Marzo de 2014 José
María Vela Urrea
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