jueves, 6 de marzo de 2014

EMIGRANTES


Ya ví en el año 1939, trabajando a mis 12 años, de que la única solución era irse de España -lo intenté a Brasil, Francia y Suiza, sin éxito- es lo que se repite ahora, tras el éxodo de los años 50, cuando una parte importante de nuestra juventud, unos con estudios y otros con la manos vacías, emprende hoy ese camino que les lleva a lugares alejados de nuestra Patria para intentar labrarse un porvenir con su trabajo.

También, algunos de nuestros políticos se han dado cuenta de que estarán mejor, por lo menos 4 años, cobrando opíparos emolumentos, al situarse en un cargo en organismos europeos donde pasarán inadvertidos auque, eso sí -faltaba más- defendiendo los intereses de España como, por ejemplo, en Bruselas, entre brumas, lluvia y frío, muy alejados del Sol de nuestro País que anhelan gozar en sus vacaciones los millones de turistas que nos visitan, sin degustar ellos las habas de ramillete -que ya excasean-  las ricas patatas que guisan en la ria de Arosa, o la sidra norteña, por citar algunos manjares en tierras que los Tercios de Flandes abandonaron hace siglos.

Antes ya cruzaron el Atlántico algunas personas que finalizaron su actuación aquí para situarse en Nueva York o en Sudamérica en cargos oscuros que les permitan subsistir y ocultar su vergüenza por lo que NO hicieron en beneficio de España. 

Algunos, aquí, tenían poderes territoriales y, fuera de esta tierra, serán poco menos que un cero a la izquierda, toda vez que desde Bruselas, donde desean situarse éstos, nos han sacado los colores, por lo que afirman, y posiblemente sea verdad, sobre la gran corrupción que existe en España  en todos los niveles.

Nuestros “representantes” no podrán hacer nada contra esa acusación y algunos deberán bajar su rostro al sentirse avergonzados e impotentes ante unas expresiones que no nos favorecen en nada. Ese será su Calvario por haber abandonado este País y  otro será alejarse de familia y amigos, de nuestras fiestas, comidas y del Sol que nos achicharra en verano.


Murcia, 12 de Febrero de 2014                      José María Vela Urrea

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