Me ha causado
estupor y sorpresa la decisión del Tribunal de Estrasburgo a favor de varios
asesinos españoles, así como la inusitada rapidez de la Audiencia Nacional para
cumplirla y conceder la libertad a la etarra Inés del Río con sus 24
asesinatos, siendo
posible llegue
hasta ocupar un cargo público.
La Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el
Constitucional españoles aprobaron lo que ahora, por un tecnicismo, ese
tribunal considera nulo, por lo cual debo preguntar de qué clase es, y si ha actuado con justicia
(con sentido común, NO), al admitir la petición de los que han vulnerado
repetidas veces su Artículo 3º que dice: Todo individuo tiene derecho a la vida, a
la libertad y a la seguridad de su persona.
El Gobierno español,
al aceptar su decisión, invalida
automáticamente lo aprobado por los Tribunales de España, por lo cual opino
debe salir del acuerdo que le ate a dicho tribunal y decirle, al igual que ya
hizo Inglaterra antes, que este País ya tiene sus leyes. Falta saber el tiempo
que se tomarán éstos para subsanar esa laguna legal e incorporar algunas cosas
tales como cadena perpetua y trabajos en obras de interés nacional alojando a
los reclusos en pueblos abandonados bajo vigilancia y jurisdicción militar, sin
gastos extras, siendo así más útiles
aquí que en Afganistán o Líbano.
Por ello,
utilizando la famosa frase del escritor francés Emile Zola cuando promovió una
campaña para rehabilitar al desgraciado militar Alfred Dreyfus (1859-1935),
acusado de espionaje en 1894 que, condenado por alta traición, debió esperar
hasta 1906 en que fué rehabilitado en cargo y rango, puedo decir; YO ACUSO al inútil Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que debe desaparecer, por considerar
ha obrado con una parcialidad manifiesta, carente
de sentido común, al ordenar liberar asesinos y no defender el derecho a la
vida que tenían sus víctimas, dejando
en muy mal lugar a la Justicia española que ha admitido esa decisión.
INADMISIBLE.
Al llegar aquí debo
preguntar: ¿Con qué derecho, ni moral ni jurídico y mucho menos de sentido
común, ha tomado partido para decidir a favor de criminales que, actuando
con violencia,
vulneraron y negaron a los demás el más elemental de los Derechos Humanos: continuar su existencia? y ¿Ha considerado que las víctimas tenían ese
derecho?, pues eran unos inocentes, muchos desconocidos para sus asesinos,
que fueron víctimas de su deseo de implantar un ideal político en unos casos y
en otros por delitos de otra índole, personal o sexual, pero que como todo ser
humano tenían derecho a la vida que
estos asesinos truncaron. Esa decisión no tiene sentido de ninguna
clase y no debía haberse aceptado, toda vez que un fanático no tiene otra idea
que la suya y, por tanto, nunca podrá reinsertarse.
He examinado
someramente la citada Declaración de Derechos Humanos y no he encontrado por
ningún sitio una cosa tan elemental como “cuando
alguien viole algún derecho de otro perderá todos los suyos automáticamente”, cosa
lógica si se desea aplicar la protección de todos los Derechos que forman parte
de la misma. Ese texto debería formar
parte del ordenamiento jurídico de todas las naciones para evitar se produzcan
casos como el que nos ocupa y es causa de general oprobio e indignación.
Murcia 22 de
Octubre de 2013 José
María Vela Urrea.
3 comentarios:
Estimado señor Conde:
Celebro que a partir de este momento, un servidor y cuantos le leen, podamos dejar un modesto comentario a sus acertados artículos, con los que de seguro, quedaremos todos muy satisfechos.
Es posible que alguno de nosotros se permita la licencia de hacer un comentario sobre alguna entrada que aún no tenía activada la función de "comentarios".
En todo caso reciba usted y de antemano, mis felicitaciones más sinceras por sus acertadas opiniones.
Estoy totalmente de acuerdo con este señor
Si Felipe González hubiera hecho las cosas bien y en su momento, ahora no existiría la doctrina Parot ni la sentencia de Estrasburgo. Y, lo que es más importante, ningún preso etarra hubiera salido de la cárcel sin haber cumplido la totalidad de su condena.
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