jueves, 14 de noviembre de 2013

El Tribunal de Estrasburgo

Me ha causado estupor y sorpresa la decisión del Tribunal de Estrasburgo a favor de varios asesinos españoles, así como la inusitada rapidez de la Audiencia Nacional para cumplirla y conceder la libertad a la etarra Inés del Río con sus 24 asesinatos, siendo
posible llegue hasta ocupar un cargo público.

La Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo y el Constitucional españoles aprobaron lo que ahora, por un tecnicismo, ese tribunal considera nulo, por lo cual debo preguntar de  qué clase es, y si ha actuado con justicia (con sentido común, NO), al admitir la petición de los que han vulnerado repetidas veces su Artículo  3º que dice: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

El Gobierno español, al aceptar su decisión, invalida  automáticamente lo aprobado por los Tribunales de España, por lo cual opino debe salir del acuerdo que le ate a dicho tribunal y decirle, al igual que ya hizo Inglaterra antes, que este País ya tiene sus leyes. Falta saber el tiempo que se tomarán éstos para subsanar esa laguna legal e incorporar algunas cosas tales como cadena perpetua y trabajos en obras de interés nacional alojando a los reclusos en pueblos abandonados bajo vigilancia y jurisdicción militar, sin gastos extras, siendo así  más útiles aquí que en Afganistán o Líbano.

Por ello, utilizando la famosa frase del escritor francés Emile Zola cuando promovió una campaña para rehabilitar al desgraciado militar Alfred Dreyfus (1859-1935), acusado de espionaje en 1894 que, condenado por alta traición, debió esperar hasta 1906 en que fué rehabilitado en cargo y rango, puedo decir; YO ACUSO al inútil Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que debe desaparecer, por considerar ha  obrado con una parcialidad manifiesta, carente de sentido común, al ordenar liberar asesinos y no defender el derecho a la vida que tenían sus víctimas, dejando  en muy mal lugar a la Justicia española que ha admitido esa decisión. INADMISIBLE.

Al llegar aquí debo preguntar: ¿Con qué derecho, ni moral ni jurídico y mucho menos de sentido común, ha tomado partido para decidir a favor de criminales que, actuando
con violencia, vulneraron y negaron a los demás el más elemental de los Derechos Humanos: continuar su existencia? y ¿Ha considerado que las víctimas tenían ese derecho?, pues eran unos inocentes, muchos desconocidos para sus asesinos, que fueron víctimas de su deseo de implantar un ideal político en unos casos y en otros por delitos de otra índole, personal o sexual, pero que como todo ser humano tenían  derecho a la vida que estos asesinos truncaron.  Esa decisión no tiene sentido de ninguna clase y no debía haberse aceptado, toda vez que un fanático no tiene otra idea que la suya y, por tanto, nunca podrá reinsertarse.

He examinado someramente la citada Declaración de Derechos Humanos y no he encontrado por ningún sitio una cosa tan elemental como “cuando alguien viole algún derecho de otro perderá todos los suyos automáticamente”, cosa lógica si se desea aplicar la protección de todos los Derechos que forman parte de la misma. Ese texto  debería formar parte del ordenamiento jurídico de todas las naciones para evitar se produzcan casos como el que nos ocupa y es causa de general oprobio e indignación.


Murcia 22 de Octubre de 2013                       José María Vela Urrea.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado señor Conde:
Celebro que a partir de este momento, un servidor y cuantos le leen, podamos dejar un modesto comentario a sus acertados artículos, con los que de seguro, quedaremos todos muy satisfechos.
Es posible que alguno de nosotros se permita la licencia de hacer un comentario sobre alguna entrada que aún no tenía activada la función de "comentarios".
En todo caso reciba usted y de antemano, mis felicitaciones más sinceras por sus acertadas opiniones.

Machemo dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con este señor

Juan Conejo López dijo...

Si Felipe González hubiera hecho las cosas bien y en su momento, ahora no existiría la doctrina Parot ni la sentencia de Estrasburgo. Y, lo que es más importante, ningún preso etarra hubiera salido de la cárcel sin haber cumplido la totalidad de su condena.